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No hay duda. Parafraseando a Borges, este es el país de las perplejidades, no de las certezas. Por aquí pasó Diego Maradona, una figura deportiva de repercusión mundial, pero fue como si no hubiera estado. Pasó de noche, como una de esas rectas que lanzaba Bob Feller fuera del alcance de la vista de Joe Dimaggio, solo certificable por el áspero sonido que producía su impacto en el guante del cátcher. Pocos lo vieron, quizás algunos consiguieron fotos y no se sabe quiénes podrían mostrar autógrafos.

Maradona, acostumbrado a meterse en el laberinto de lo controversial, es apenas el tercer jugador de futbol ganador de un título mundial que aterriza en Nicaragua. Previamente lo hicieron el brasileño Carlos Alberto y otro argentino, Mario Kempes. Ambos registraron interesantes encuentros con la prensa deportiva casera.

¿A QUÉ VINO?

Que venga Maradona y trate de ocultarse detrás de sí mismo, nos deja perplejos preguntándonos ¿cuál era el propósito? Descartemos que vino a comerse un vigorón con Fidel Moreno en el “Salvador Allende”, o a apreciar los Nacimientos que adornan la Avenida Bolívar. Tampoco puede creerse que estaba interesado en escuchar una charla sobre el proyecto del canal.

Ahora, la peor ocurrencia es que aceptó venir para no hacer nada, sin agenda durante día y medio de estadía. Así que Diego se convierte en la más grande intriga de un año, ya lo suficientemente intrigante.

¡Qué tipo de historia podríamos imaginar alrededor de la visita de Maradona! Nicaragua es el primer país al que el astro argentino llega como por casualidad, mostrando indiferencia por su notoriedad, algo que había sido sagrado en su ruidosa y constante proyección. Eso sí, en vista de la escasez de paparazzis pinoleros, debe haber pasado día y medio cobijado de tranquilidad.

NO DEJÓ HUELLAS

Cierto, no existe pregunta que no le hayan hecho a lo largo de miles y miles de cambios de impresiones con gente de prensa, pero era necesario un encuentro estimulante con la nueva generación de periodistas deportivos, que se inyectaron de paciencia mientras permanecían a la caza de una oportunidad, que extrañamente, nunca se logró.

¿Condicionó Maradona su presencia en Nicaragua a ese aislamiento sencillamente incomprensible? Es difícil de creer. Sin embargo, no dejó ninguna huella. Las libretas de los cronistas quedaron vacías y las grabadoras mudas. Incluso las cámaras se movieron perezosamente captando una inexpresividad inesperada del protagonista.

Por aquí pasó una sombra de Maradona, la misma que le ayudó para marcar con la mano, su mejor gol de cabeza. La pregunta flotante es ¿regresará algún día con una agenda? La frustrada chavalada periodística tendrá tiempo para averiguarlo después de no haber podido conseguir siquiera algo para especular.