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Tratándose del Barcelona, uno espera chispa, destreza para el trazado arquitectónico, un preciso manejo de balón, facilidad para fabricar espacios, aprovechamiento integral de los desmarques, aptitud y actitud para recuperaciones aplicando intensa presión, y por supuesto, esos toques de magia que mantenían al público de pie como en las maniobras acrobáticas que ofrece el Circo del Sol en Nueva York o Las Vegas.

Nada de eso fue visto ayer en el pálido empate 0-0 frente al Getafe, con el pito del árbitro desvaneciendo una posibilidad de Álvaro Vásquez erizando los pelos del arquero Bravo, quien realizó una gran atajada sobre disparo envenenado de Lafita que paralizó los corazones azulgranas. Ese gran susto, compensó el tiro libre de Lionel Messi que estalló en el travesaño, sacando astillas.

SE CORTÓ LA RACHA

Este Barcelona de Luis Enrique ya no pertenece al catálogo de obras maestras que adornan el Museo de Louvre del fútbol mundial. Es como una pintura de Leonardo falsificada, mostrando una tendencia a desteñirse por falta de la necesaria brillantez en su juego. ¿Quién nos iba a decir que veríamos a un Barcelona perezoso y carente de ideas como este, pese a su racha de ocho victorias después de rebotar ante el Celta?

El partido que incluyó un reclamo de penal por cada lado, consecuencia de las manos utilizadas por Valera y Alves, resultó monótono la mayor parte del tiempo con el Barsa inutilizado en sus intentos y el Getafe a la caza de oportunidades. Fue hasta que el reloj apretó el cuello de los azulgrana, que se agilizaron las acciones, pero el largo tiempo desperdiciado no podía recuperarse y el 0-0 se mantuvo tan firme como la estructura del puente de Queens.

SUAREZ NO LOGRÓ

Sin Neymar, se esperaba una mayor incidencia de Luis Suárez, pero el uruguayo naufragó y se vio muy poco en la cancha, en tanto Messi, como siempre provocaba excitación cada vez que realizaba en ensayo de proyección, sin embargo, no conseguir el acompañamiento necesario, lo obligó a buscar a su propia sombra, como en los primeros partidos de la última Copa del Mundo, cuando Argentina no existió como equipo y dependió de los momentos de inspiración de Messi, para salir ileso en su grupo.

La pérdida de dos puntos, aleja al Barsa a cuatro de un imparable Real Madrid, que pese a percatarse de las pérdidas temporales de Modric y James, logra triturar a los adversarios en un alarde de efectividad. Este Barsa desorientado y desteñido, está viendo pasar el tiempo atrapado por la incertidumbre.