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Batallando. Los Yanquis de Nueva York que se han devaluado más que el salario mínimo pinolero, realizan intentos tímidos por reconstruirse. Por ahora, se les ve más debilitados que como se mostraron en la pasada temporada cuando quedaron fuera de los Play Offs. Sin Jeter, con Alex en ruinas, Sabathia convertido en una incógnita, su futuro inmediato gime y sangra, con pocas esperanzas.

 

La primera vez que estuve en Nueva York fue en 1971. Carlos García me invitó para que lo acompañara en una visita que le hizo al comisionado Johnson de las Ligas Menores en busca de apoyo para una serie de gestiones que estaba realizando, pretendiendo la sede de un Mundial aficionado.

Para mí, fue como aterrizar en otro mundo. Más allá de los impresionantes rascacielos de Manhattan, subir a la cima del Empire State y pasear por la quinta avenida con los ojos bien abiertos, mi interés era conocer el Yanqui Stadium, llamado “La casa que Babe Ruth construyó”. También era interés de Carlos ver un juego de los Yanquis y Johnson nos llevó a un enfrentamiento con los Gemelos de Minnessota de Rod Carew, Harmon Killebrew, Tony Oliva, César Tovar, Jim Kaat y Bert Blyleven.

éPOCA DE MEDIOCRIDAD

Lamentablemente era una época de mediocridad para los Yanquis que perdieron 80 juegos y quedaron en cuarto lugar del sector Este a 21 juegos de los Orioles de Baltimore. Mel Stottlemyre ganador de 16 era el “as” de la colina, con Mike Kekich y Fritz Peterson que provocaron una sacudida al cambiar de esposas, en una rotación que incluía a Steve Kline y Stan Bahnsen. La combinación de doble plays la formaban Gene Michael en el short y Horace Clarke en segunda, con dos grandes pilares: el cátcher Thurman Munson y el jardinero central Bobby Murcer.

Al regresar escribí un artículo de una página completa sobre esos Yanquis titulado “La tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser”, frases del tango de Le Pera “Cuesta abajo”, cantado por Gardel, aplicándole una leve modificación.

Solo hay dos formas de reconstruir un equipo: dependiendo de una estupenda cantera o sacando una gruesa billetera al “estilo” Steinbrenner. Los Yanquis carecen de lo primero y han perdido atrevimiento para lo otro. Uno recuerda que si era necesario conseguir a Jim Hunter y Reggie Jackson, simplemente se hacía. El imperio comenzó a tomar forma cuando Babe Ruth fue sacado de los Medias Rojas.

NI PRODUCEN NI COMPRAN

En una época en que los Yanquis no están produciendo jugadores como Joe Dimaggio, Mickey Mantle, Gil McDougald o Thurman Munson, lo mejor visto ha sido la adquisición vía “cofre del tesoro” del japonés Masahiro Tanaka para ofrecer una media temporada fabulosa y terminar, con más de dos meses de inactividad, como el tirador yanqui más ganador del 2014. Con un staff en harapos consecuencia de los problemas que afectaron a Iván Nova, C.C. Sabathia, Michael Pineda y Tanaka, los Yanquis que vieron salir hacia la agencia libre al japonés Kuroda y al retiro a Derek Jeter, se colocaron segundos de los Orioles en el Este de la Americana con balance de 84-78, eliminados de los comodines.

Ver a los Yanquis fuera de la pelea en la búsqueda de un brazo tipo Jon Lester o Max Scherzer, nos hace pensar que incluso la inmortalidad puede perderse. En otros tiempos, su captura hubiera sido un hecho, no ahora, mucho menos después de no haber podido retener a esa aproximación de Mariano Rivera en el bullpen que fue David Robertson, quien salvó 39 juegos en 44 intentos. Cierto han conseguido a Andrew Miller excelente cerrador zurdo y tienen a un relevista de futuro sensacional como parece serlo Dellin Betances, quien registró 1.40 en 70 trabajos con balance de 5-0 y un rescate, ponchando a 135 en 90 entradas, superando a Mariano, que “fusiló” a 130 en 1996, pero en 107 episodios.

¿QUIÉN POR JETER?

Puede que los Yanquis no lloren por Robertson, pero sí lo harán por la falta de Jeter. Se esperaba verlos saltar en busca de Elvis Andrus, Alexei Ramírez y del formidable Tulowitzki, pero se aparecieron con “Didi” Gregorius, perdiendo en un cambio múltiple al prospecto de la colina Shane Greene, de su propia cosecha.

¿Qué ha hecho este Julius Mariekon Gregorius, nacido en Amsterdam hace casi 25 años, para entusiasmar a las legiones de yanquistas como reemplazo de Jeter, quien alcanzó el tamaño de una montaña? Su paso por los equipos de Cincinnati y Arizona a lo largo de 191 juegos entre trozos del 2012 al 2014, ha sido sigiloso bateando para 243 puntos con 13 jonrones y 57 empujadas, sin ser calificado fuera de serie como paracorto.

Consideren la posibilidad de ver a Alex Rodríguez en ruinas. Ese temor obliga a moverse rápido en busca de Chase Headley, perseguido por otros equipos. Los Yanquis también necesitaban un cátcher como Rusell Martin, a quien soltaron tontamente, pero el “enmascarado” prefirió Toronto, como buen canadiense.

OLEAJE DE INTRIGAS

Las lesiones constantes de Teixeira, constituyen otra seria duda para estos Yanquis “modelo 2014”, que no parecen desesperados por una reconstrucción llamativa, como lo demuestran las peguntas: ¿Quién en tercera, en el short o en segunda? ¿Cómo se armará el orden al bate? ¿Qué tan saludable estará esa rotación? ¿Y los que regresan de lesiones y retiros forzados?

Agreguen para cerrar, la intriga más importante: ¿Cómo se hace para olvidar lo que no se puede olvidar? Habló por supuesto de lo que han sido los Yanquis. Por ahora están acorralados por “la tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser”, como dice el tango de Le Pera cantado por Gardel.

84 VICTORIAS con 78 derrotas, fue el récord de los Yanquis de Nueva York en esta temporada, para quedar segundos en la División Este de la Liga Americana.