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Cuando el Real Madrid ataca, la tierra tiembla, el rival retrocede alarmado y el cañoneo es destructivo. Para provocar esa impresión, no se necesita fabricar una montaña de goles, como ayer que bastaron dos, el cabezazo de Ramos en la frontera del área chica y el remate rasante de Bale que pudo detener el arquero Torrico. Esa furia que identifica a la tropa de Ancelotti, no falla, asusta y mata.

Se puede elogiar el esfuerzo de San Lorenzo, su voluntad para resistir y hasta la aparición de cierto atrevimiento ofensivo para intentar mover al gigante mundial, pero fue fácil captar que el Madrid pudo resolver de entrada. Ahí estaban dos o tres ocasiones de gol, la más clara malograda por Benzema, bloqueado por su propio botín derecho clavándose en el piso sobre pase del siempre incidente Cristiano.

¡CÓMO ABRUMA!

Más allá de la nueva conquista de este inmenso equipo, está su aplastante superioridad y la búsqueda desesperada de rivales que puedan complicarlo, quizás el Chelsea, el Bayern, el Saint German o el Barsa, pero ninguno arrebatándole el favoritismo previo.

La facilidad conseguida para recuperar balones, agregada a la presión que ejerce con sus rápidas proyecciones abriendo espacios y el funcionamiento en bloque con Kroos multiplicándose bien acompañado por Isco y James, hacen que la presencia puñal en mano de Cristiano, Benzema y Bale, resulte abrumadora.

¿Cómo fue posible que San Lorenzo, con un estoicismo admirable, sostuviera milagrosamente el 0-0 durante 36 minutos, y estirara el 1-0 hasta los 52 cuando fue agujereado por un gol casual?

MÁS ALLÁ DEL 2-0

No creo que alguien piense que el 2-0 refleje con precisión lo visto en el campo de Marrakech. El equipo permanentemente a la ofensiva, dueño del balón y de las intenciones, con una contención asegurada, decidiendo por dónde penetrar con sus puños en movimiento, fue el Real Madrid, capaz de construir una ventaja de 2-0 en los primeros minutos.

El futuro del partido perdió intriga desde esos primeros instantes pese al 0-0. ¡Ah, tardó mucho el primer gol con Torrico paralizado frente al cabezazo previsible de Ramos! Cierto, pero las diferencias estaban establecidas. Solo era asunto de tiempo y el Madrid, con frialdad, resolvió a un equipo de mucho corazón, aunque un “peso mosca” para semejante “monstruo”.