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Después de más de medio siglo, se rompen las cadenas y se abre la tapa del cofre de los tesoros. No importa cuántas posibilidades quedaron frustradas. Finalmente parece que ocurrirá, sin ponerle sello todavía. No más historias casi tenebrosas como las fugas de René Arocha, el escape frente a tiburones de Orlando “Duque” Hernández, los intentos cada vez más riesgosos de Kendry Morales, y el navegar de Yasiel Puig por el mar de las dificultades. Todo podría volver a ser tan tranquilo como en los tiempos de Orestes Miñoso, Tany Pérez, Luis Tiant, Tony Oliva y tantos otros que convirtieron a Cuba en el objetivo de los scouts buscadores de oro para las Grandes Ligas.

Hace días escribí una nota que titulé “Cuba, cofre de los tesoros”, sin saber lo cerca que estaba Obama de abrir la lata de las esperanzas después de un corte de relaciones que se ha extendido por más de 50 años de inutilidad, como aquellas larguísimas peleas de los viejos tiempos. No es propiamente un round de Fidel por todo lo que se tuvo que pasar hasta llegar a un punto de flexibilidad que facilitó el ceder de los norteamericanos, y por la cantidad de material con exuberante potencial, que se derritió frente a las narices de la grandeza deportiva.

AQUEL NO A LA EXPLOTACIóN

En 1959, cuando Fidel entró a La Habana, los más grandes “filones” del deporte cubano eran el beisbol y el boxeo. ¿Quién no conocía a Martín Dihigo y las grandes páginas escritas por los peloteros de la isla en Series Mundiales para aficionados, Series del Caribe y sus saltos al mejor beisbol del mundo, así como los impactos entre las cuerdas provocados por “Kid Chocolate”, pasando por “Mantequilla” Nápoles y tantos otros gladiadores?

La producción continuó como siempre, pero se detuvo la exportación. Se argumentó que era asunto de principios, porque el deporte profesional, te “condenaba” a la explotación, y por decisión gubernamental revolucionaria, se procedió a darle forma a un profesionalismo estatal. Fue entonces que deportes que no habían conseguido grandes elevaciones, las lograron en una evolución de ribetes espectaculares.

La primera verdadera explosión ocurrió en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967 con Cuba ganando 47 medallas incluyendo 7 de oro, en contraste con las 10 obtenidas en 1959, solo 2 de oro. Cuatro años después en Cali, Colombia, 1971, la tropa cubana saltando sobre Brasil, Canadá, México y Argentina, retaba el poderío de Estados Unidos con 105 medallas, 31 de oro. Obviamente un verdadero alarde, pero peloteros y boxeadores continuaban “encadenados” al amateurismo, cada vez más falso.

FUGARSE HACIA EL FUTURO

La popularización de “las fugas” que inició René Arocha, permitió volver a ver peloteros cubanos en las Grandes Ligas pero a cuentagotas. Cada uno de ellos llegaba envuelto en historias casi inverosímiles, y todos tenían cuidado de hablar respetuosamente del gobierno cubano, agradeciendo ser producto de ese sistema. Se decía que la permanencia de familiares en la isla, sujetaba cualquier impulso, pero conversando largamente con Oswaldo Fernández en una ocasión y con “El Duque” en otra, capté lo genuino de ese respeto.

¿A qué obedecía eso? Seguramente al reconocimiento de cómo comenzó a funcionar el deporte en Cuba con la llegada de Fidel. El INDER, una organización honorable, empeñada, y sobre todo eficiente en base de la capacidad de sus dirigentes, puso en marcha un proceso que entregó atletas de excelente técnica, disciplina y mística, apasionados por su perfeccionamiento y hambrientos de victorias, seguros de contribuir a la patria por medio del deporte. Nada que ver con los bailes de máscaras en el resto de América Latina, cuyos proyectos daban la impresión de viajar en dirección opuesta.

FUERA CADENAS

Ahora se intenta romper las cadenas para abrir el cofre. Quedan los lamentos de peloteros y peleadores de 24 kilates que vieron derretirse sus facultades e ilusiones, pero es el precio pagado. Aunque el tiempo perdido no se recupera, se abre espacio para una ruidosa explosión. Además, la gente de Grandes Ligas será más precisa en sus valoraciones, y sin precipitaciones, no quedarán expuestos a riesgos mayúsculos ofreciendo cifras insospechadas. El criterio será más equilibrado.

Desaparecida la RDA, reducidas varias conexiones con el mundo oriental, Cuba en deportes, debe sacar un buen provecho del restablecimiento de relaciones con un vecino que se veía tan distante como Estados Unidos. ¿Se imaginan contar con Academias, establecer convenios, contar con técnicos y garantizar a la orilla mejor preparación para los propios, las ventajas de intercambios deportivos como aquella serie Orioles-Cuba que tanto alboroto provocó, y lo que es deportivamente más saludable en el país pobre más sano del mundo, no tener que esconderse para intentar saltar a las más elevadas esferas de rendimiento en beisbol y boxeo?

Al abrirse el cofre, consideramos que en estos dos deportes, Cuba se agigantará, y en los otros, continuará su crecimiento.

 

Los cubanos están de moda en las Grandes Ligas. Y no es por un regalo. Es el fruto de los éxitos de una nueva generación de peloteros provenientes de una isla donde se levanta una piedra y debajo de ella sale una futura estrella del deporte de las bolas y los strikes. José Abreu, Aroldis Chapman, Yoenis Céspedes, José Fernández, Yasiel Puig y Alexei Ramírez, representan su vanguardia. Cinco de ellos estuvieron en el Juego de las Estrellas.