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Seguro que el Madrid ha tenido 1,001 noches mejores que esta de Dubái, donde no interrumpió sus vacaciones (pagadas y bien pagadas) y sí su larga cadena de victorias, aunque el duelo no compute por falta de oficialidad. Estuvo muy por debajo del Milán en intensidad, energía y juego, y se despidió de su mejor año de la peor manera posible, porque encajar cuatro goles ante un adversario histórico, aun sin puntos en juego, no es indoloro.

El equipo de Inzaghi, en su condición de imperio caído, tuvo más pretensiones. Discutió su desventura con el arrebato de la presión adelantada y un fútbol muy bien administrado por Montolivo y muy bien rematado por Menez. Dos veteranos en buen uso que resumieron un buen comportamiento general.

Bonaventura y Bonera se merendaron a Coentrao y Muntari y De Jong, esta vez más bueno que bruto, dejaron en casi nada al Madrid, que ya al descanso se marchó con el mal menor de una derrota mínima. Mereció peor castigo y lo tuvo después, cuando no estuvo tan mal.

Poco vuelo

Jesé y Cristiano, sus cazas, tuvieron poco vuelo en la primera parte, más allá del gol que se repartieron (1-2), Isco no pisó los terrenos de la verdad y los meritorios no discutieron su condición. Especialmente los de atrás. Nacho regaló el primer gol a Menez, que con precisión de cirujano esperó a que Keylor Navas se acostase ante su amago para superarle por bajo. Y Keylor se tragó el segundo por su palo, en disparo de El Shaarawy a pase de Bonaventura, futbolistas por los que pasa el futuro del Milán.

El Madrid, notablemente inferior, tuvo una respuesta racheada en la primera mitad, con Khedira como fuerza de asalto y no de intendencia, papel al que en el Madrid él ha condenado la concentración de talento. Filtró un buen pase del que no sacó provecho Chicharito y se quedó sin ángulo en otra buena aparición. Y en esas llegó el gol de Cristiano en contragolpe. El instinto del Madrid siempre le conduce a él. Arrancó Jesé y el portugués dio validez al pase ante un Diego López escandalosamente fuera de sitio. Ni él ni Keylor pusieron un pero a la titularidad recuperada por Iker Casillas, que llegó al partido en pleno tiroteo.

CR7 al descanso

Ancelotti quitó a Cristiano y puso al resto de titulares disponibles tras el descanso. Entraron dormidos. Iker hizo dos milagros en cinco minutos y entre uno y otro se tragó el tercer tanto del Milán, de un El Shaarawy desatado. Solo entonces el Madrid lució con sentido su escarapela de campeón del mundo, y combinó la tenencia lícita de la pelota y la continuidad en las ocasiones.

Jesé mandó una pelota al palo y limpió las dudas sobre su rodilla. Fue lo mejor del Madrid en ese tramo, en que Agazzi pareció una celebridad y Benzema y Bale perdonaron. No lo hizo Pazzini y elevó el triunfo de su equipo a la categoría de paliza, aminorada por el tanto de penalti de Benzema. La última foto del Madrid desmerece un año de gloria.