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Desde que me inicié en el periodismo deportivo aquel mes de enero de 1970, hace 45 años, toda una vida en lo profesional aún sin título que mostrar, he transitado hacia el futuro sobre una frase estimulante que muchos deben haber expresado, pero la leí por primera vez en 1964 de parte del joven Cassius Clay, imprevisiblemente recién coronado Campeón Mundial de todos los pesos: Siempre se puede ser mejor.

No parece ser normal registrar un gran año cuando estás doblando la empinada y desgastante curva de los 70 años. Pero “las manos” de esa frase siempre han estado sosteniendo y empujando mi espalda, impidiendo que las rodillas se doblen y los brazos se estiren hacia abajo pese a mi carnet de jubilación después de más de 2,400 cotizaciones, como consta en los archivos del INSS.

Quizás no fue un año tan exigente como 1994, cuando frente a la preocupación de Chilo, mi esposa, llegué a perder hasta el apetito al juntarse la Copa del Mundo realizándose en Estados Unidos, con el último Mundial de Beisbol en Nicaragua y toda la cabalgata de eventos que tanto me atraen. Hoy, con la ayuda de la televisión, que me facilita ver los torneos nacionales y ha multiplicado los internacionales, puedo dar un cómodo seguimiento a toda actividad deportiva sin salir de mi casa, lo que me permite escribir de inmediato, en contraste con los tiempos en los que tenía que salir del Estadio de Chinandega y esperar más de dos horas para regresar al periódico, y redactar.

Fue el 2014, año en el que publiqué dos libros: “Entre Copa y Copa” y “Los Marichis Callaron”, un par de revistas sobre la Copa del Mundo, una previa con material de colección “¿Socarán?”, y una post “¡Así fue!”, sin dejar pasar ninguna final de otros deportes aquí en las páginas de El Nuevo Diario, incluyendo las caseras del beisbol profesional y el Pomares, más los cuatro Grand Slams del tenis, el cierre de la NBA, las más promocionadas peleas internacionales, las proezas en Grandes Ligas comenzando con el Salón de la Fama, las firmas, el desarrollo de la temporada regular con los Play Offs y Serie Mundial, más los Premios; la larga cobertura de la Champions y las Ligas europeas, los récords que se imponen en Atletismo y hasta algunas notas de Fórmula Uno, evento que sigo desde los tiempos de Fangio.

Agrego mi columna sobre temas cotidianos y temas políticos día por medio con casi mil palabras, en Bolsa de Noticias; las dos horas diarias del programa Doble Play, esencia de mi vida; el pequeño espacio diario por TV en Cien por Ciento Noticias y charlas en algunas universidades y ciertas empresas. ¡Ah!, y lo mejor que me pasó: el conversatorio con el literato experto en futbol, Juan Villoro. Esa noche me habían propuesto presentar a Mario Kempes.

Todo eso alegra. Pienso que puedo volver a hacerlo, siempre que mi salud no flaquee. Por cumplir 71 años, el estímulo está ahí.