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La clave en la vida para vivir entretenido, es no aburrir y no aburrirse. Ha sido eso, desde hace 34 años, aquel 2 de enero de 1981, el objetivo en el programa radial Doble Play despegó ruidosamente en La Voz de Nicaragua con el abierto apoyo de Carlos Guadamuz. Sinceramente me sorprende que todavía estemos en pie de lucha con tanta energía, como si comenzáramos. ¡Gracias René Pineda! ¡Gracias Miguel Mendoza! ¡Gracias Germán García! ¡Gracias a todos los que han contribuido! Estoy en deuda permanente con ustedes.

Nadie quiere envejecer aunque ha sido inútil la búsqueda de la fuente de la juventud. Ni siquiera un programa parcialmente deportivo que con 34 años de recorrido en horario de 6:30 de la mañana y 12 del mediodía, debería tener canas, usar barba y viajar en silla de ruedas, no estar intentando seguir transitando por la carretera del progreso aplicando correcciones. Puede que esa duración sea un récord, pero no le pongan sello.

No se trata de llegar a los 34 años, sino de seguir siendo un programa llamativo, merecedor del cariño de muchos oyentes alrededor de las discusiones que parecen ser “fabricadas”, abordaje de temas hablando en broma y en serio, la característica fundamental del programa, sobre todo, abriendo espacio para todas las opiniones, incluyendo disparates nuestros y de escuchas.

La mezcla con Enrique Armas en los inicios, no fue perfecta, aunque si lo suficientemente conveniente para provocar interés. La combinación de temas y los cambios de velocidad, han sido el factor decisivo, lo mismo que lo imprevisible. Doble Play es un programa sin agenda, pero eso no quiere decir que la parte seria sea aplastada por las bromas. Cada uno de nosotros se prepara para responder a las exigencias de los oyentes. La suma de lo almacenado en cuatro cabezas, nos permite tener casi siempre a mano, la respuesta que ustedes buscan.

Constantemente encuentro gente que asegura tener entre 20 y 30 años de escuchar Doble Play. Pienso ¡Qué paciencia y qué exceso de tolerancia! Estamos claros que eso nos compromete. A mis 71 años voy al día a día, a diferencia de René, Miguel y Germán. Dependo de ellos, no totalmente, pero ese momento se está aproximando. Quizás termine mis días escuchándolos y seguramente me va a agradar.

¿Qué le cambiaría a Doble Play?, me preguntaban ayer, y respondía que nada. ¿Qué se le puede cambiar a un programa imprevisible si ni siquiera nosotros sabemos lo que nos espera? Ese “toque” nos mantiene atentos.

Nunca imaginó Carlos Guadamuz cuando me llamó hace 34 años, que estaba poniendo en marcha un programa que aún cerrando puertas, parece será recordable por largo rato, tanto en broma como en serio.