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Desde el palco, ovacionado una y otra vez por una afición que es su familia, Fernando Torres vio cómo el Atleti se deshacía del Levante con una hora fantástica y cómo sus compañeros le daban la bienvenida exponiendo la importancia de los símbolos. Griezmann (dos veces) y Godín celebraron sus goles haciendo el arquero: tradición sagrada, genética rojiblanca, que inventó Kiko y heredó el Niño. Que el uruguayo dijera luego que la dedicatoria era para un amigo no estropeó el simbolismo. Volver, tras tantos años, y que te reciban como si jamás te hubieras ido ya es un triunfo. Uno al alcance de muy pocos, de muy grandes.

Y para grande el momento de Griezmann: cinco goles en dos partidos, autor del último tanto en Primera de 2014 y del primero de 2015. Pese a un inicio lento, ya es el pichichi liguero del Atleti (8) y el período de aclimatación es pasado. Enorme futbolista. Con el francés aliándose con Arda y Koke, el Cholo junta tres talentos de primerísimo nivel y hace polvo a los amantes del tópico del “no juegan a nada”. La primera parte ante el Levante fue una exhibición de toque, velocidad y precisión. De futbol, vamos.

El más feliz con la compañía de Griezmann es Arda, que se pegó un homenaje. Otro más. Lo ha convertido en costumbre. Raro es el día en el que no regala un detalle que vale una entrada. Esta vez, poniendo el broche a un recital de inteligencia y pase, dejó dos: pisadita y taconazo con dos rivales colgados del cuello y caño de espuela para marcharse en velocidad. Arda Turan es la Navidad con barba.

Los aturdieron

Si el Levante aguantó durante 18 minutos el vendaval fue porque logró un imposible: frenar el balón parado rojiblanco. Lo hizo arriesgando y sacando la defensa del área en cada falta lateral como si el césped de la zona estuviera abonado. Tres veces dejó así en fuera de juego al Atleti. Bien jugado, pero insuficiente. A los 18’, un centro de Siqueira golpeó en un defensa y Griezmann fue el primero en llegar para cabecear el balón llovido.

Lo celebró a lo grande un Calderón con ganas de fiesta en el que, de nuevo, el Frente guardó infantil silencio mientras el resto cantaba y animaba demostrando que no hace falta un máster para hacerlo. La normalidad engulle a los ultras, les guste o no.

El Levante no entendió el gol como algo significativo y siguió metidito atrás como si la línea de mediocampo fuera Finisterre. Mariño evitó el gol de Mandzukic al filo del descanso y repitió nada más volver del vestuario, con una mano magnífica ante un cabezazo cercano. Los rechaces volvieron a dejar la pelota sobrevolando el área y, cómo no, la remató Griezmann, cuyo 1’76 es engañoso: va de maravilla por alto. Con estos dos, lleva cuatro goles de cabeza en la Liga, más que nadie.

Tras el 2-0, con Juanfran en modo Correcaminos, el Atleti pudo sentenciar dos veces, pero la puntería no acompañó al trabajo de Mandzukic y Tiago rozó a un defensa tras una gran acción de Juanfran, el croata y Griezmann. Parecía que la fiesta no iba a acabar, pero el Atleti se fabricó un problema de golpe. En su primer acercamiento serio, marcó el Levante: cabezazo de Víctor, Mandzukic evita el gol, sucesión de rechaces y despistes y El Zhar acaba desviando sin querer un disparo de Iván. 2-1.

Pensando en lo que viene (Copa ante el Madrid y Liga en el Camp Nou), Simeone quitó al apercibido Arda y al Atleti se le apagó la luz. El Levante rondó a Moyá sin claridad hasta que aparecieron los clásicos: córner y gol de Godín de cabeza. Arquero al palco, sonrisa de Torres, tres puntos más y que empiece lo bueno. El Atleti está preparado.