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No fue un alarde de generosidad de los votantes. Nada de eso. El boleto de entrada para cuatro magníficos al Salón de la Fama en Cooperstown, obedece a la exigencia de un reconocimiento a la excelencia en el beisbol de cada uno de ellos, con ciertas diferencias bien graficadas en los porcentajes: 97.3 para Randy Johnson con 534 de 549 votos; 91.1 a favor de Pedro Martínez, apenas el segundo dominicano 32 años después de Juan Marichal; 82.9 como soporte de John Smoltz y 82.7 en el tercer intento del bateador de 3,060 hits a lo largo de 20 campañas, Craig Biggio.

Frente a la inesperada múltiple escogencia, no vista desde 1955 cuando “una tropa” encabezada por Joe Dimaggio y completada por Gabby Harnett, Ted Lyons y Dazzy Vance, fueron iluminados por los rayos del sol de la grandiosidad, los críticos han visto derretirse sus dedos frente al teclado de las computadoras. No hay forma de hacer algún cuestionamiento. Aún convertidos en figuras de cera dentro de un museo con el paso del tiempo, ellos tendrán pulso.

UN STAFF FANTÁSTICO

En esto de las valoraciones a veces muy rigurosas y otras distorsionadas, siempre he considerado que estamos en manos del azar, no de la lógica, sin embargo ayer, esa sensatez que asegura la objetividad tomó el escenario. ¿Se imaginan un staff con

Johnson, Martínez y Smoltz? Se le autorizaría en abril la venta de boletos para la postemporada incluyendo la Serie Mundial. ¿Y tener a mano un pelotero con la agresividad de Biggio en todos los aspectos del juego? En Las Vegas o en Montecarlo, llamarían a esta nueva promoción, “Póker” de fieras.

Recordar a Randy Johnson balanceándose en el montículo, tratando de ocultarse detrás de esa mirada siniestra, capaz de hacer sudar y gemir al propio Conde Drácula, debe ser un martirio para cualquier bateador. El brazo zurdo parecía alargarse como un látigo de longitud interminable mientras Johnson después de empinarse, elevándose más allá de sus seis pies diez pulgadas, volcaba su cuerpo hacia el plato. Inevitablemente el bateador en el cajón, se sentía disminuido, próximo a la nada, transformado en un insecto como Gregorio Samsa en el relato de Kafka.

Ahí está la inmensidad de Johnson en sus cifras: 303 triunfos, 4,672 ponches, seis temporadas con más de 300 “fusilados”, dos no hitters, uno perfecto, cinco Premios Cy Young, un Más Valioso de Serie Mundial. Johnny Ringo pistola en mano.

¿CÓMO MEDIR A PEDRO?

¿Qué tanto más hubiéramos visto de Pedro Martínez sin sus problemas musculares? ¡Uhhh! Pedro fue un pitcher de presencia física discreta, calma sanguinaria y una precisión para retorcer bates con sus recursos variados, sencillamente impresionante. Pudo ganar cinco Cy Young, pero dos veces fue desplazado al segundo lugar. Sus 219 victorias lo dejaron detrás de Denis Martínez, Juan Marichal y Luis Tiant, pero es el único latino con más de 3,000 ponches y una efectividad increíble de 2.93. Pedro lanzaba siempre con el corazón y si era necesario lanzaba su corazón hacia el plato. ¿Cómo medir correctamente su grandeza? Su contribución a terminar con la maldición de los Medias Rojas, fue decisiva.

Smoltz fue un éxito como abridor y como relevista, además mortífero en la postemporada. Ayer, como inquilino del Salón, se juntó con sus compañeros de rotación Greg Maddux y Tom Glavine. 213 victorias y 154 rescates con 15-4 en Play Offs, ¿qué les parece?

Craig Biggio en tanto, no podía seguir afuera después de quedar corto por solo dos votos en el 2014. Ningún bateador de 3,000 hits no condenado por esteroides estaba afuera, sólo él, y se hizo justicia. No era el “ahora o nunca”, pero fue el momento apropiado.

Brindemos por estos cuatro magníficos peloteros que enaltecieron el beisbol. Difícilmente volveremos a ver otro “Póker” de fieras. Quizás ni en otra vida. Hay momentos como éste en que el planeta beisbol es mágico, fascinante, sutil y real. Momentos que hasta yo me siento joven.

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