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No hay pánico, pero inevitablemente las alarmas están sonando. El poderoso Real Madrid considerado capaz de ganar todas las batallas imaginables, funcionando como una armada invencible, ha sufrido asombrosamente su tercera derrota consecutiva.

Después de ser sometido por el Milán y el Valencia, el equipo de Ancelotti con un futbol enclenque, sin pies ni cabeza, malogrando la posesión del balón constantemente, carente de profundidad ofensiva, cayó ayer de rodillas en la Copa del Rey por 2-0 frente al combativo Atlético de Madrid, que sin orden en el inicio, supo ser más presionante en el segundo tiempo, consiguiendo un penal consecuencia del innecesario agarre y derribamiento de Ramos a Raúl García por detrás, y el certero cabezazo del joven uruguayo José María Giménez.

TANTO TALENTO EN EL BANCO

Simeone dio la impresión de tirar la toalla anticipadamente cuando dejó en el banco a sus centrocampistas Koke, Arda y Tiago, prescindiendo también de Mandzukic abriéndole espacio a Fernando Torres, reapareciendo con el equipo que hincha su corazón. Era natural preguntarse: ¿Cómo era posible que el técnico cortara las conexiones, lo que facilitaría el accionar de Khedira, Kroos, Isco y James?

Si tenía explicación que Ancelotti decidiera darle reposo a ese guerrero incansable que es Cristiano. El año pasado, se comprobó que pese a su extraordinaria fortaleza y gama de habilidades, Cristiano no es una máquina solo necesitada del cambio de aceite y revisión de su engranaje. No era propiamente un drama con Bale y Benzema moviéndose en el área buscando cómo apretar los gatillos, pero lamentablemente Isco no consiguió la incidencia de otros juegos y James se oscureció.

¿QUé HICISTE SERGIO?

El penal cobrado drásticamente con gran exactitud por Raúl García en el minuto 57 agujereando a Keylor Navas, después de la falta que Ramos, condenado por la cámara lenta, intentó discutir, obligó a Ancelotti a llamar a Cristiano como una fotocopia de Aquiles en busca de lanzarse a la toma del “Calderón”. En respuesta, Simeone, quien había enviado a Koké por Torres, espoleado por la necesidad de cuidar esa pequeña e insegura ventaja de 1-0, hizo entrar a Arda y finalmente a Mandzukic, fortaleciendo al Atlético.

Aún con Cristiano, el Real Madrid siguió siendo un equipo sin sustancia, desprovisto de creatividad y sin disparos. Durante el juego, escasas opciones de gol de los blancos: el galés Bale no supo rematar una entrega al pie que le envió Marcelo desde la izquierda con la pizarra 0-0, Khedira disparó encima del travesaño con poca fuerza y Benzema fracasó en un par de intentos. Ninguna alteración de presión para el arquero Oblak.

El segundo gol del Atlético, un cabezazo de Giménez elevándose majestuosa y decididamente por encima de una montaña humana, dejando inutilizado a Ramos, golpeó al equipo de la realeza en la mandíbula, doblándole las rodillas. Todo lo que ocurrió después incluyendo los cinco minutos agregados, fue muy borroso, sin ideas claras. Aturdido por este tercer golpe consecutivo, el Real Madrid salió por la puerta de atrás del “Calderón”, sigilosamente avergonzado en busca de una explicación.