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 Derrotó el Barcelona al Atlético de Simeone 3-1, aplicándole un manotazo a la pelea por el subliderato de la Liga, pero más importante que eso, fue volver a ver durante los primeros 45 minutos al “viejo” Barsa, con ese juego de manejo vertiginoso y preciso, sacándole máximo provecho a la posesión del balón, exhibiendo su habilidad para desmarques y combinaciones, abriendo la cancha, y sobre todo, apretando las tuercas con sus rápidas recuperaciones mientras establecía una ventaja de 2-0, que debió ser más amplia malogrando la posibilidad de sentenciar temprano el duelo con el campeón defensor y reciente vencedor del Real Madrid.

MESSI DESEQUILIBRANTE

Fue un deleite ese primer tiempo para quienes creímos que difícilmente volveríamos a ver algo de “aquel Barsa” que hacía parecer a Guardiola como el director de una orquesta sinfónica. Ahí estaba el equipo azulgrana de la grandeza emocionando a la multitud, con Messi suelto, desequilibrante, súper ocupado, avanzando profundo por la derecha para hacer el pase hacia el área chica que Suárez no puede resolver pero lo hace Neymar con la punta de su botín adelantando al Barsa 1-0 en el minuto 11, y haciendo otra entrega precisa a Luis Suárez después de dominar una pelota ayudado por la parte superior de su brazo derecho, zigzaguendo velozmente y pasando al uruguayo que amplió 2-0 a los 34 minutos.

Neymar que casi sale por golpe y herida en su pie derecho, Messi y Suárez, no pudieron concretar grandes posibilidades durante un dominio abrumador y el primer tiempo concluyó 2-0, obligando a Simeone a un replanteo urgente para ir a pelear balones, tomar mayores riesgos y lanzarse en busca del gol estimulante como señal de vida. Ese cambio agitó el segundo tiempo exigiendo al Barcelona y bajando al arquero Bravo de la hamaca en la había permanecido largo rato.

PENAL ESTIMULANTE

Un penal raramente cometido por Messi en faena defensiva, batallando con el atrevimiento de Jesús Gámez, una leve raspadura en choque de piernas, fue ejecutado violentamente por Mandzukic hacia el centro sobre el desajuste de Bravo recortando la diferencia 2-1. El juego entró en combustión y el suspenso se hizo presente danzando siniestramente en cada lado de la cancha, hasta que una jugada de geometría pura, Messi que se había quedado corto con un estirón en el área buscando, reaccionó a tiempo muscularmente y se encontró con un rechace, para clavar el gol factor de seguridad en el minuto 87, estableciendo el 3-1 definitivo.

Quedó para recordar, ese primer tiempo marca “viejo Barsa”, con un futbol de fluidez no visto desde hace largo rato con Messi como principal protagonista.