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Estos no son --ni serán-- los Rays de antes. No se verán los viajes de disfraces organizados por Joe Maddon. No contarán con la gran presencia de David Price cada cinco días. Ben Zobrist no jugará lo que parecía cada posición en el Tropicana Field. Y serán pocos los que insinuarán ciegamente que cada movimiento que haga Tampa Bay sea ingenioso, simplemente porque Andrew Friedman lo haya realizado.

El cambio de identidad que está ocurriendo en los Rays es drástico. Pero lo que Tampa Bay está haciendo es un resultado necesario de su modelo de negocios, y algún día esta ola de maniobras se recordará como un mal necesario.

Francamente, después de estos cambios --incluso después de todos estos canjes y aparentes bajas-- ese día podría llegar antes de lo que piensan los escépticos. Lo que los Rays han hecho durante esta temporada muerta definitivamente se califica como “reconstrucción. Cuando cambiaron a sus jugadores del medio del cuadro (el cubano Yunel Escobar y Ben Zobrist) a Oakland, adquirieron a un buen infielder prospecto (Daniel Robertson) que viene de una temporada en Clase-A a los 20 años de edad, para que este posiblemente algún día acompañe a un destacado prospecto del infield (el dominicano Willy Adames).