Edgard Tijerino
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El pitcheo cubano ha sido una fuente inagotable de grandeza. El más grande pelotero cubano de todos los tiempos y miembro del Salón de la Fama, Martin Dihigo, fue impactante como pitcher y bateador, o jugando en cualquier sitio. En 1938 en México, frente a las exigencias planteadas por fieros competidores, el cubano que brilló en las Ligas Negras, ganó 18 y perdió 2, con 0.90 en efectividad, mientras conseguía el título de bateo con 387 puntos. No hay una fotocopia de él en el béisbol actual.

Adolfo Luque, de los Rojos de Cincinnati, sigue siendo, desde 1923, el pitcher latino con más juegos ganados en una temporada. Su balance de 27-8 con 28 juegos completos a lo largo de 332 entradas, sería fantasioso en estos días. El espectacular zurdo Agapito Mayor y el león incansable de singular destreza, Conrado Marrero, construyeron grandes historias.

Aquí, durante la época del béisbol profesional, vimos en acción a numerosos tiradores cubanos, entre ellos al primer tirador de un no hitter, Manuel Montejo, a Julio “Jiqui” Moreno, Conrado Marrero, Vicente y José Ramón López, Minervino Rojas, Miguel Cuellar y Luis Tiant, sólo por mencionar algunas de las figuras monticulares más sobresalientes de esa pelota.

El aterrizaje de Fidel, terminó con la pelota profesional en Cuba, calificada sin la menor duda, como la más potente del Caribe, y en ese momento, fructífera productora de valores para las Grandes Ligas.

Tan es así que el primer latino ganador del título Más Valioso fue el cubano Zoilo Versalles, y el primer ganador del Cy Young, el zurdo Miguel Cuéllar, ambos vistos en nuestro béisbol rentado entre 1956 y 1967.

En la llamada nueva etapa del béisbol en Cuba, el pitcheo siguió siendo el gran factor. En el inicio de los años 70, con Gaspar “El Curro” Pérez por guardar su escopeta, el derecho José Antonio Huelga, fallecido en un accidente, y el zurdo Santiago “Changa” Mederos, tomaron las riendas del pitcheo.

Y siguieron Baudilio Vinnent, Rogelio García, Lázaro Valle, Jorge Luis Valdés, Orlando “Duque” Hernández, José Ariel Contreras, Omar Ajete, hasta desembocar en Pedro Luis Lazo, quien en el primer clásico mundial, frente a bateadores de Grandes Ligas, mostró su reluciente dentadura, su fiereza y su dominio.

¿Quién mejor que Lazo para una situación agobiante?, me preguntaba con sus ojos convertidos en signos de admiración el colega de la isla, Sigfredo Barros, en San Juan, Puerto Rico, cada vez que Lazo entraba a las brasas en ese Clásico.

Con 238 triunfos, Lazo anuncia que esta de 2008-2009 será su última Serie Nacional, y que espera funcionar en el próximo clásico programado para el mes de marzo. Su pretensión en el concierto casero es llegar a las 250 victorias y dejar esa marca como un reto a lo imposible.

Igual que Ajete, estupendo como abridor y mortífero como relevista, Lazo es el último dinosaurio visto en el pitcheo cubano. La pregunta ¿quién será el próximo?, quedará flotando, mientras aparece.