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Después de tantas amenazas “congeladas”, el jonrón decisivo disparado por José Campusano en el fondo del décimo tercer episodio, quebrando ese 3-3 de acero inoxidable desde el séptimo, parecía algo surrealista, o quizás, alucinante. ¡Qué momento! La bola rápida salió de la mano de Carlos Morla y Campusano empezó su estocada. ¡Uhhh! Hubo un silencio espeso cuando se produjo el sonido del impacto. Y cuando el eco fue súbitamente tragado por el rugido de las tribunas, todos sabíamos que el vuelo de la pelota hacia el infinito se había realizado y la gran batalla había concluido. Triunfo indio por 4-3.

Ahora la serie está 2-0 a favor de la tribu con las consideraciones previas hechas astillas. Los boeristas están locos con su equipo, y tienen razón. La atrapada improbable de Dwight Britton en el séptimo alargó el desenlace a entradas extras, pero el extenso pitcheo de Paul Estrada a lo largo de seis entradas y un tercio, ponchando a ocho, fue tan enérgico como el apriete de tuercas realizado por las manos de Hércules, estrangulando al león de Nemea. Fue sobre ese pitcheo que el Bóer anduvo, anduvo, anduvo, hasta que llegó al swing destructor de Campusano encima de la pared del jardín derecho. Un batazo que nunca olvidarán los que estuvieron ahí, atravesando unas cinco horas de sufrimiento extremo.

Otra jugada defensiva que salvó al Rivas fue la realizada por Campbell con bases llenas en el inning 11, mientras el tan temido bateo sureño era reducido casi a la nada, con el corazón de su line-up, Vásquez, De Caster, Dotel y Britton, de 17-0 anoche con siete ponches y un roletazo para doble play, una inutilidad alarmante. Imposible pretender ganar con ese amarre.

OTRO INICIO AGITADO

El derecho Gustavo Martínez, pitcher de 2.93 en efectividad durante el torneo, fue herido rápidamente en el propio inicio. Hits consecutivos de Roberto Ramírez y Ofilio Castro colocaron hombres en las esquinas, y el fly de Vásquez al jardín derecho activó la pizarra 1-0, adelantando al Rivas. Como ha estado ocurriendo constantemente, la respuesta, aunque no inmediata, llegó en el segundo episodio con doble abridor de Reyes, hit para avance de Juan Carlos Torres, boleto a Urbina para llenar las bases y elevado de Sandor lo suficientemente profundo al centro de los bosques para establecer el empate 1-1, antes que fallaran Sevilla y Campusano.

Martínez estaba batallando por establecerse cuando boleó a Ramón Flores en el tercero y perdió la pelota tratando de fildear un toque de Ramírez. Con dos circulando sin out, Ofilio se sacrificó y después de una base intencional a Vásquez, se decidió reemplazar a Martínez con Róger Marín para trabajar a los temibles De Caster y Dotel, ambos ponchados en el primer episodio. Marín no pudo evitar el fly de sacrificio de De Caster que facilitó ventaja de 2-1 al Rivas, pero no permitió ampliación, dominando a Dotel.

EL JONRÓN DE VALDÉS

Ante una multitud entusiasta, ansiosa de emociones, el juego pareció detenerse. Se observaba más acción en las tribunas que en el terreno, cuando en el fondo del quinto inning, el jonrón de línea disparado por Jesús Valdés con Guerra circulando por error de Ofilio, colocó a los Indios en ventaja temporal 3-2. Podía ser el batazo del juego, aunque se pensó que el Rivas, todavía con su furor engavetado, tenía tiempo para volver a equilibrar el marcador.

Rivas lo logró en el séptimo frente al pitcheo de Paul Estrada, el tercer brazo utilizado por Colina. Con un out, Roberto Ramírez conectó un doblete y Ofilio Castro siguió con sencillo productor. ¡Qué fácil pareció forzar otro empate! Así que la inseguridad creció alrededor de ese 3-3 tan incómodo, mientras los dos mánager permanecían con los nervios alterados pendientes de sus bullpen y el público masticaba uñas en cada lanzamiento. En el cierre del séptimo, Dwight Britton se apuntó juego salvado realizando una sensacional atrapada en el fondo del jardín izquierdo, evitando dos carreras que hubieran sido mortales. Con Guerra y Valdés en las bases por boletos y dos outs, Juan Carlos Torres empujó una pelota próxima a la valla izquierda y Britton le llegó en gran sprint estirándose sobre su propia angustia en un alarde de elasticidad.

El brazo de Estrada nunca dio señal de flaquear y el bullpen sureño encabezado por José Luis Sáenz, tomó el reto manteniendo entre amenazas que se desvanecían una tras otra, ese 3-3 eriza pelos. Se otorgaron tantas bases intencionales, que alguien decía al salir del Estadio, con un sarcasmo sanguinario, que podían haber hecho eso con Campusano sin out y bases limpias para buscar un doble play.

Hoy en Rivas, los asustados y heridos Gigantes tratarán de evitar ser empujados a la orilla del ataúd. Por ahora su favoritismo se ha esfumado. ¿Podrán recuperarlo?