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El video es familiar: Lionel Messi sonriendo mientras ataca y mata. El jugador escapado de la Lámpara de Aladino, nuevamente resplandeciente, como en sus mejores noches. Suelto, el pequeño genio es imparable. A ratos, los jugadores del Deportivo se paraban para mirarlo.

Clavando tres dardos en la cabaña defendida por Fabricio, el argentino jefeó una goleada por 4-0 como un adiestramiento en público antes de enfrentar el reto del Atlético el miércoles en la Copa. Obviamente, Messi no estuvo solo. El accionar de Rakitic incorporado al bloque ofensivo, la facilidad para desequilibrar que tiene el brasileño Neymar, la presencia de Iniesta aunque sin las conexiones que le garantizaban asistencias constantes, y el ímpetu de Luis Suárez, siempre sediento moviéndose en el área, contribuyeron con la movilización de Messi por todo el frente de ataque, consiguiendo espacios y posibilidades.

La defensa del equipo de La Coruña se vio fracturada una y otra vez enfrentando serias dificultades para poder salir con claridad, porque el Barsa está muy ágil en las recuperaciones y aplica suficiente intensidad.

ARREMETIDA

Un hermoso centro de Rakitic desde la derecha en el minuto nueve, fue interceptado por Messi a la carrera, acertando un potente cabezazo que dejó sin chance a Fabricio para el 1-0. Una rareza del argentino, haciendo recordar aquel gol contra el Manchester en Roma. Haciendo crecer su dominio territorial y de manejo de balón, el Barsa aumentó 2-0 a los 32 minutos, cuando Messi aclaró una confusión dentro del área abriéndose paso en corto espacio y enfrentando casi cara a cara al arquero Fabricio, bombeando la pelota hacia las redes en el último instante. Así finalizó el primer tiempo.

Se tuvo la impresión que el equipo azulgrana, con su defensa atenta a las contras, perdió intensidad en el segundo tiempo, como si hubiera decidido manejar esa ventaja sin apuros, esperando aprovechar posibilidades que se presentaran. Facilitaba eso que el Deportivo no estaba en capacidad de presionar lo suficiente para desarticular la defensa de Luis Enrique. Fue necesario esperar hasta el minuto 62 para el tercer gol, sobre el cobro de un córner ejecutado en corto para la recepción y el excelente disparo completando el triplete. Todavía hubo tiempo para el intento de despeje que rebotó en Sidnei y se convirtió en autogol, cerrando el 4-0 que mantiene al Barsa persiguiendo al Real Madrid, líder con cuatro puntos perdidos menos.