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Mientras los fanáticos se acercaban al Estadio “Yamil Ríos Ugarte”, el sonido parecido a un enjambre de abejas aumentaba más desde el interior del campo de juego. Los corazones se aceleraron ante la curiosidad de ver lo que acontecía, pero al ingresar, la emoción no se hizo esperar más, los Gigantes de Rivas estaban en su casa y esto era la mayor razón para celebrar ante su archirrival, los Indios del Bóer.

El juego no había iniciado, y un “¿dónde están los Gigantes?”, salido de los parlantes, subió a reventar la algarabía y el bullicio en las graderías, como la mejor respuesta de estímulo y motivación a todos los peloteros sureños reunidos en su dogout, preparándose para una batalla titánica ante una tribu sedienta de más victorias.

Un estadio con capacidad para siete mil personas lució pequeño ante una gigantesca multitud de color naranja, en la que fácilmente se perdían los colores del conjunto capitalino, que ubicados detrás del dogout de su equipo, los más de 80 seguidores golpeaban sus tambores en señal de victoria con su grito de “¡Bóer, Bóer, Bóer!”, reforzado con más poder.

Ya va a empezar

A pocos minutos de que el juez cantara el “playball”, pequeños grupos de fanáticos seguían ingresando al estadio, mientras otros, sentados en palco y graderías, cuidaban las butacas a sus compañeros para que no se perdieran el tercer juego de la Serie Final con el cubano Frank Del Valle lanzando por los Gigantes, ante el dominicano Rodney Rodríguez, del Bóer.

Todo estaba listo, las cámaras apuntaban al centro del campo, los periodistas sentados en sus cabinas comentaban las ventajas y debilidades de ambos equipos, mientras que, en un parpadear, los peloteros sureños vestidos con el uniforme blanco saltaron al terreno de juego, provocando los aplausos y gritos de sus seguidores, listos para enfrentar a un crecido equipo Bóer.

“Playball”

Con José Campusano en el cajón de bateo y el cuadro defensivo de los Gigantes tendido en el campo, el juez de home plate al fin dijo “Playball”, para dar inicio a otra batalla por la supremacía del la pelota profesional, en el tercer partido de la Serie Final, plagado por una marea naranja en el Estadio “Yamil Ríos”.

Tremendo susto por foul al árbitro

En el cuarto episodio, Ronald Garth conectó un foul hacia atrás y para tan mala suerte del árbitro, Jorge Castillo, la pelota le dio en la garganta. El golpe fue tan violento que el colombiano se desmayó y tuvieron que llevarlo al hospital. Después de 35 minutos, el partido se reanudó mientras Castillo convalecía.

Juego muy accidentado en el “Yamil Ríos”

Varios jugadores del Rivas se vieron en jugadas extrañas. Por ejemplo, en el sexto inning, mientras buscaban un foul Yurendel de Caster y Wuilliam Vásquez chocaron y terminaron golpeados, y sin poder atrapar la pelota. En el quinto, Dwight Britton y Wellington Dotel estaban buscando los dos la bola para recortar un sencillo a los jardines. Los dos estiraban su mano enguantada para agarrar la pelota y tirar.