•   Rivas, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

A las 5:00 p.m., la avenida principal de Estadio Yamil Ríos Ugarte lucía tranquila como si nada en especial estuviera por suceder una hora después en el minicoloso sureño. Con la serie final de la Liga Profesional 3-1 a favor del Bóer antes de jugarse el partido de este martes, muchos aficionados sureños decidieron quedarse en casa, quizás porque pensaron que la historia ya estaba escrita.

Como de costumbre en las afueras del coloso, los vendedores de diversos productos --entre ellos la típica carne asada, pollo asado, chancho con yuca, vigorón, y las infaltables bosas de mangos-- esperaban con ansias el desborde de la gente para tener un día exitoso en sus ventas; sin embargo, sus expectativas no se cumplieron del todo. No hubo pérdidas, pero tampoco ganancias exageradas como para que el corazón finalizara la noche con una sonrisa.

Incertidumbre

Pasada las 5:30 de la tarde, el estadio aún lucía con muchas butacas vacías; no asistieron más de 6,000 mil personas, sino unas 5,500. En las madrigueras de ambos conjuntos el ambiente era de incertidumbre, para ambos equipos era vencer o morir. Sin duda, en los rostros de los rivenses se evidenciaba la preocupación por estar al borde del nocaut, que anoche evitaron con el triunfo ante unos Indios que regresarán a su pletórico hogar este viernes, en donde intentarán dar el flechazo final.

“No me gusta sufrir tanto”, comentaba Jimmy González minutos antes de iniciar el desafío. Y es que para el antesalista de los Indios hay que exterminar lo más pronto posible al rival, para evitar una resurrección que les amargue la esperada cita con el pentacampeonato. Por otro lado, Juan Carlos Ramírez siempre sonriente al parecer era el menos tensionado; el lanzador derecho, que cuenta con una bazuca lanza disparos superiores a las 95 millas por hora, se ha dedicado a disfrutar con el equipo que más ama en Nicaragua.

Comenzó el partido minutos después de la hora prevista por un apagón de luz (6:00 p.m.) y aún habían asientos que necesitaban ser ocupados. La entrada no fue mala, pero comparada a los encuentros anteriores sí hubo diferencias. Los gritos del “Sí se puede” no faltaron, los pitos resonaron sin cesar, y el grupo de las sexis Chicas Latinas intentó dar el toque de sensualidad con sus bailes, para que despertaran las hormonas del público masculino.

Al parecer el más emocionado era el mango amarillo del equipo llamado “Gigantón”; la mascota se dedicó a bailar como un integrante más del conjunto de bailarinas. Esta vez su emoción no fue tan desbordante, porque posiblemente se está reservando para un séptimo partido que quizás nunca llegue, pero en el beisbol todo es posible.