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De pronto, estos Indios que terminaron en el tercer lugar de la Serie Regular, muy agrietados y con su futuro inmediato borroso, se convirtieron en apariciones instantáneas de alto nivel de competencia, como si vinieran de un mundo remoto e inverosímil. Creciendo lo necesario, saltaron los dos obstáculos que los separaban del título y lo consiguieron. Era “otro” Bóer, nada que ver con el equipo poroso que cerró la fase clasificatoria.

Pienso, que los refuerzos transforman el motor y la carrocería de un equipo en beneficio del espectáculo, sobre todo en un beisbol tan poco consistente como el nuestro, lo cual me gusta, pero al mismo tiempo, el cambio en la co-relación de fuerzas, puede ser considerado injusto.

Imaginarse a este Bóer campeón por quinta vez en nuestra discreta liga Profesional, sin el aporte de los refuerzos conseguidos, la mayoría de ellos de utilidad mayúscula, es por ahora algo tonto, porque se vería tan desarmado como Dantón yendo mansamente hacia la guillotina.

ALARDE DE CONFIANZA

Eso sí, tampoco estarían las emociones que revistieron esta final provocando desbordes populares tanto en Rivas como en Managua, incluyendo la monumental entrada del viernes, dando la impresión que todos los capitalinos se habían instalado en las tribunas no quedando alguien en casa. Sin esos refuerzos, lo emotivo hubiese decrecido y los momentos para recordar consecuencia de actuaciones cumbres, posiblemente serían escasos.

Rivas consideró en un alarde de confianza en su personal calificado como suficientemente competente, que no necesitaba tomar todas las opciones de reforzarse, pese a que el Bóer llevaba la ventaja de presentarse a la escogencia ya fortalecido por los conseguidos para enfrentar al Chinandega en la semifinal.

Eso fue grave, porque aparte de la desventaja numérica 7 por 2, que es muy amplia, afectando de alguna manera ser el mejor en la temporada regular, el equipo sureño perdió por los dos últimos juegos a Ofilio Castro el sub-líder de bateo y Ramón Flores, un elemento volátil en el fondo de su line-up, agregando el gigantesco slump que se tragó la furia ofensiva de Yurandel De Caster durante toda la serie, reduciéndolo a 22-1, algo insólito.

Cierto, William Vásquez fue tan importante como estaba previsto con cualquier uniforme, pero Carlos Téller solo trabajó tres entradas sin recibir daño y sin historia qué contar, es decir no tuvo trascendencia. Lo ocurrido al Rivas deja una lección: en este beisbol pequeño, nunca estás lo suficientemente bien armado para rechazar fortalecerte. Debes de tomar todas las opciones, sobre todo cuando no has tenido la oportunidad de reforzarte previamente como los semifinalistas.

QUE CLASE DE APORTE

El Bóer se agigantó. Los remates de Juan Carlos Ramírez fueron sencillamente escalofriantes exhibiendo una superioridad aplastante; el brazo derecho de Paul Estrada realizó dos grandes faenas de 6.1 y 7 entradas, con aproximación al no hitter en el último juego; el cañón de Raúl Reyes tronó tan constantemente como factor desequilibrante, que fue seleccionado sin discusión, el Más Valioso de la final; Jimmy González fue un tercer bate que sin cifras gruesas, tenía significado en cada turno y le correspondió hacer el swing que colocó el título en el campamento indio quitándole intriga al último duelo; Juan Carlos Torres llegó a resolver la falta de un receptor firme y fue útil con el madero; Sandor Guido no solo fue un inicialista solvente dueño de un guante seguro, sino que ofreció aporte ofensivo con 6 hits en 20 turnos; solo el zurdo Abraham Elvira no funcionó, pero con el banderín en la mano, no se escucha ningún lamento por eso.

Vimos en acción “otro” Bóer, que será mejorado con más refuerzos para competir en la Serie Latinoamericana. Ya veremos cuántos Indios genuinos sobreviven frente a ese nuevo reto. Obviamente los “implantes” establecieron la diferencia en la dentadura del equipo manejado por Colina.

Súbitamente, con otro personal, los problemas agudos del manager desaparecieron. Quizás el Bóer no quería tanto, solo “algo más”, pero la inyección revitalizante aplicada, provocó esa transformación exitosa de la cabeza a los pies que aseguró el campeonato.

4-2 se impuso en la Serie Final el Bóer a los Gigantes de Rivas, para conquistar su quinto título en la historia del beisbol profesional nicaragüense.