•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

A un lado de la leyenda construida alrededor de esa fiereza solo vista en la jungla frente a la imperiosa necesidad de sobrevivir, Roberto “Manos de Piedra” Durán es un símbolo en el boxeo mundial, un ídolo para los aficionados latinoamericanos y un mito en Panamá. El púgil más temido en aquella época de esplendor y grandiosidad del boxeo, llega hoy a Managua para estar en el acto que la Asociación de Cronistas dedica a ese gran activista y dirigente del boxeo que ha sido Renzo Bagnariol.

¿Quién no se sintió atrapado por las peleas tan electrizantes como espectaculares que Durán protagonizaba? Un auténtico generador de emociones mientras fabricaba sus nocáuts a base de salvajes arremetidas, Durán fue por largos años la más grande atracción taquillera. ¡Ah, si Homero lo hubiese visto pelear, lo incluye en la Ilíada, a la orilla de Aquiles!

MEJOR PÚGIL LATINO

Ese reconocimiento como mejor púgil latino de todos los tiempos, tiene el alegre sonido del canto de gallo en la madrugada, el fulgor de la estrella iluminando su trayectoria, el deleite de una prosa sinuosa para relatar sus proezas, y el impacto de un rayo láser atravesando frente a nosotros cuando disfrutamos del crepúsculo sostenido por la grandeza de un inmortal.

En 1972, muy joven aún, Durán estremeció el mundo del boxeo aniquilando al escocés Ken Buchanan, en el Garden. Se convirtió esa noche en Campeón Ligero de la AMB y su impresionante furia provocó escalofríos que se anudaron en nuestras tráqueas. Esas manos de piedra que garantizaban un golpeo destructivo, lo colocaron en ruta hacia la conquista de coronas múltiples.

Fue ese el inicio de una historia exuberante en hazañas. Exageradamente despreocupado, manejando un alarde de confianza, transformando en escombros a sus oponentes, Durán avanzó hacia el Valle de las Leyendas. Solo una piedra encontró en su camino antes de obtener su segunda corona, y fue Esteban de Jesús, el temerario púgil boricua que le arrebató el invicto durante una pelea a 10 asaltos antes de cerrarse 1972, agrietando levemente su reputación de “matador”. En 1974 en Panamá y en 1978 en Las Vegas, Durán atacó ferozmente como león hambriento a De Jesús, logró congelar su acometida y derretir sus resistencia, estableciendo una aplastante superioridad a través de dos triunfos resonantes ajustando cuentas, incluyendo la propina y el IGV.

SU MAYOR IMPACTO

¿Recuerdan cuando golpeó al mundo en la quijada, derrotando en Montreal, al fenomenal Ray “Sugar” Leonard en Montreal? Eso ocurrió el 20 de junio de 1980 en una batalla de ribetes dramáticos por el cinturón Welter del CMB. Después de ese triunfo, alcanzó el más alto nivel de notoriedad en el boxeo mundial, pero cuando dio la espalda ante Leonard en Nueva Orleans en el mismo 1980, víctima de la impotencia, y dijo “no más”, su gigantesco ego se deslizó hacia los cuestionamientos más implacables. Fue esa, su única mancha.

“No más”. Con esas dos palabras fatales, Roberto Durán hizo un ademán con sus manos y se apartó de Sugar Leonard en el octavo asalto de la revancha. ¿Cómo fue posible que semejante fiera de carácter indomable se mostrara tan sumiso. Durán dijo que se había visto obligado a abandonar el combate debido a calambres estomacales, pero pocos le creyeron. Él era el machismo personificado. Sin embargo, Durán tuvo tiempo para regresar, continuar hacia la conquista de dos coronas más, demostrando que su coraje estaba intacto, hacernos saltar sobre el “No más”, y engavetarlo.

En enero del 82 Durán falló ante Wilfredo Benítez en su intento de una tercera corona, pero en junio del 83 derrotó a Davey Moore en combate por el cinturón Medio Junior de la AMB. Su cuarta corona, fue posible en febrero del 89, superando en 12 asaltos a Iran Barkley en otro de sus alardes de determinación, agresividad y ansiedad por triturar los vaticinios adversos. Eso ocurrió, justamente antes de su tercer enfrentamiento con Leonard, a quien le entregó el botín.

Desvanecimiento

NO FUE EL MISMO• Nueve años después, con 47 encima, lento de movimientos, con sus reflejos adormecidos, su poder desvanecido y sus posibilidades “artríticas”, Durán, ya sin piedras en sus puños y sin recursos para garantizar el viejo show de violencia, fue superado en Las Vegas por William Joppy, en batalla por el cinturón mediano AMB.

Después de 116 batallas, con balance de 102 victorias y 14 derrotas, incluyendo 70 nocáuts, a pocos pasos de su final, cuatro pleitos más, Durán se vio tan desgastado como Napoleón en Santa Elena, revisando su grandeza, pero atravesando sus últimos días. El bravo panameño fue siempre un dínamo de energía. ¡Cómo retaba a los adversarios, cómo los acosaba, qué olfato y qué instinto! Un gran espectáculo.

Para el historiador Bert Randolph Sugar, Durán fue “la quinta esencia del guerrero puro”. No fue tan versátil y desconcertante como Leonard, ni genial improvisador como Robinson, ni tan brutal agrediendo como Hearns, pero, más allá de lo primitivo de su estilo, fue capaz de hacer lo necesario para alcanzar la gloria y convertirse en incomparable entre los latinos. Una fiera indomable. Es así como lo vamos a recordar por siempre.