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La Asociación de Cronistas Deportivos ha decidido dedicarle el acto de premiación de los mejores atletas nicaragüenses del 2014 a Renzo Bagnariol, un italiano que hizo de nuestro país su otra patria, y que trabajando sin pausas y entregando su corazón de diferentes maneras, agregó su pasión por el boxeo en una multiplicación de esfuerzos, intentando solo ser útil, pero consiguiendo un crecimiento que extendió su interés hacia otros sectores del deporte, convirtiéndolo en factor de mayúscula incidencia.

Así que este reconocimiento está justificado por los merecimientos acumulados en la realización de todas sus gestiones.

En medio de esa incertidumbre que se mueve frente a nosotros en un ballet frenético, Renzo Bagnariol, desde que lo conocí, me pareció ingenuamente humano. Hombre de mirada limpia, transparente en su accionar y firme en sus convicciones, era sobre todo, un amigo que se agiganta cuando te ve en dificultades. “Creo en la gente, en la amistad, en la lealtad, en servir a los otros. Soy un sentimental”, decía. Y aún metido en el mundo turbulento del boxeo, siguió pensando y actuando de esa forma.

Nacido en Venecia, en 1945, Renzo vino desde Suiza --donde trabajaba-- en 1975, para involucrarse con la compañía Vassally en un proyecto para temperar vidrio. Cumplió contrato, se fue y regresó en 1977 para quedarse. “Me sentí atraído por este país y su gente. Sentí que mi futuro estaba aquí. Encontré a Gioconda, me enamoré, nos casamos y tuvimos un hijo, Mauro, ahora con 35 años”.

En Italia, el boxeo no era muy popular, pero Nino Benvenuti provocó mucho interés, lo mismo que más adelante Duilio Loi. “Fue un deporte que me apasionó desde muy joven y cuando me instalé aquí, la atracción continuó”, explica quien hizo amistad con el presidente de la Comisión de Boxeo, José Wenceslao Mayorga, y vio pelear por primera vez a Alexis Argüello frente a Ray “Boom Boom” Mancini, en ruta a establecer una fuerte amistad con el ídolo a quien tanto apoyó, utilizando como enlace a Donald Rodríguez.

La relación con Gilberto Mendoza lo aproximó a la Asociación Mundial de Boxeo. El presidente de ese organismo, realizando un rápido y preciso “scouteo”, lo reclutó y de inmediato le asignó misiones. En esta nueva tarea, Renzo volvió a crecer y llegó a ser supervisor de más de un centenar de peleas de título mundial. Mientras tanto se proyectó, convirtiéndose en hombre de confianza.

Renzo ha recibido reconocimientos por sus aportes y su significado. Se enorgullece de haber conseguido respeto y consideración por lo correcto de su comportamiento, dentro y fuera del boxeo. “Es la única forma que tengo de proceder”, dice con sencillez, quien esta noche, recibe de la ACDN con la satisfacción de haber sido útil, la distinción de esta premiación con su nombre. Una promoción encabezada por Román “Chocolatito” González.

¡Gracias Renzo!