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Una vez más, nos quedamos cortos.

Empezamos mal en esta Serie Latinoamericana de beisbol, dejando escapar a última hora una ventaja de tres carreras con solo tres outs pendientes, y después de un vibrante resurgimiento construyendo dos victorias que agigantaron las pretensiones, terminamos peor, vapuleados brutalmente, mostrándonos raramente incompetentes en todos los aspectos del juego, ofreciendo una imagen depresiva. Nuestro beisbol ha vuelto a ser golpeado en la mandíbula. En el deporte actual, solo existes si ganas, porque después de los lamentos, de los perdedores nadie se acuerda, ni ellos mismos. De eso todos estamos claros.

Lo triste del caso, es que el torneo de Panamá estaba a nuestro alcance. La posibilidad de ganar los tres primeros juegos y quedar instalados en la final fue tan viable que aún nos carcome la frustración provocada por el jonrón de tres carreras conectado por el emergente Telvin Nash en ese cierre del noveno. La relativamente cómoda ventaja de 4 por 1, se esfumó al ser bateado Candelario impune y atrozmente.

EL BULLPEN INSEGURO

El mánager Colina utilizó veinte brazos en los cuatro juegos, siendo Paul Estrada el abridor que más largo caminó llegando al séptimo inning contra Colombia. El manejo del bullpen desembocó en lo enloquecedor debido a la constante inseguridad. Es obvio que hizo enorme falta la escopeta precisa y autoritaria de Juan Carlos Ramírez para esa faena. Lamentablemente, alguien capaz de rendir por encima del nivel de exigencia del torneo, no pudo estar disponible y nos sentimos “mancos”.

El cuadro interior, vacilante fildeando y errático tirando, no pudo transmitir confianza como simplificador de dificultades. Fue un permanente dolor de cabeza. Casi lo mismo ocurrió en los bosques. Tanto Vásquez como Britton y Reyes se vieron inseguros. La pelota bateada por Maldonado que Britton no puede atrapar en ese tenebroso noveno episodio contra Panamá, moviéndose en su rango de cobertura, tenía un gran significado, pero no se logró y de inmediato se produjo el trancazo mortífero.

Aún entre tantos inconvenientes, con toques de pelota inexplicables y boletos temerosos, el beisbol visto en esa Serie era el apropiado para ir más allá. Incluso sin Wilton y sin Juan Carlos, las opciones se presentaron, excepto en la última batalla, cuando se careció de todo y el derrumbe fue inevitable.

CORTOCIRCUITOS OFENSIVOS

El bateo, que llegó a producir 13 carreras en tres juegos, pese a que en el duelo con México los bateadores centrales Vásquez, Reyes y Torres solo dispararon un hit en once turnos, se ocultó por completo frente al pitcheo sereno de Consuegra. Se registraron apagones importantes que alteraron al mánager Colina y frenaron la ofensiva: Britton continuó adormecido ponchándose seis veces, siendo quitado como lead off y enviado al noveno turno en el line-up, Reyes el Más Valioso de la Final, fue reemplazado por Jesús Valdés como cuarto bate, en tanto Jimmy González, quien respondió como quinto bate en el primer juego con dos dobletes, fue movilizado a la segunda posición perdiendo ritmo, limitado a dos imparables en 10 turnos.

La falta de rapidez en las bases y algunos atrevimientos tan confusos como riesgosos, recortaron la capacidad de producción. Sandor disparó dos hits, uno importante contra México y el otro sin trascendencia, mientras Yosmani como primer bate en tres juegos se embasó seis veces, conectando un jonrón solitario.

Lo más doloroso del último juego, fue ver al equipo tan inutilizado. Buen pitcheo el de Consuegra sin duda, pero no tan amordazante. El bateo nica haciendo swing en las tinieblas, tampoco logró presionar a tres relevistas que trabajaron las últimas entradas. Lo malo no fue perder, sino la forma, sin ofrecer resistencia, atados de pies y manos. Como si fuese otro equipo, muy diferente al de las tres primeras batallas.

ES NUESTRA LIGA

Lo alentador mirando hacia el futuro, con esta Serie viajando hacia Managua el próximo año, es que parece estar hecha a la medida para que el campeón de nuestra liga dispute el banderín con posibilidades de éxito. Ninguna de esas Ligas participantes, ni con el probable agregado de Brasil y los cubanos de Miami, superaran los niveles de competencia hasta hoy vistos. Así que es nuestra liga, y consiguiendo un mejor enfoque en esa dirección, se pueden conseguir resultados.

Hasta hoy, lo máximo ha sido la actuación del Cinco Estrellas en 1964, ganando un torneo que tenía como favorito al trabuco de los Senadores de San Juan encabezados por Roberto Clemente y Orlando Cepeda. Cómo olvidar que un inmenso Rigoberto Mena fue el pelotero Más Valioso entre una constelación de estrellas que incluyó a otros tres brillantes paracortos: Gil Garrido de Panamá, Dagoberto Campaneris del Oriental y José Pagán de Puerto Rico.

Y pensar que yo vi cada uno de esos juegos en aquel tiempo.