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El Barcelona volvió a jugar a la ruleta y volvió a ganar. Es el Barcelona de Luis Enrique, un equipo divertido como pocos. Acepta con alegría el intercambio de golpes, aunque tenga delante a un conjunto como Villarreal que es estupendo y también letal en las contras. De un tiempo a esta parte, no hay un momento de aburrimiento en los partidos del Barsa, que plantea unos duelos abiertos a campo abierto fabulosos, sea quien sea el rival.

Luis Enrique, consciente de que delante tiene una potencia de fuego, comparable solo a la de Sexta Flota, lo aprovecha sin especular. El Barsa ha cambiado el baile sobre el ring por el cuerpo a cuerpo y a partir de ahí, a ver quién es el guapo que suelta la bofetada definitiva.

Con Messi en el campo, la galleta terminal acostumbra a ser de color blaugrana. Tener a Messi es como tener a Mike Tyson enfadado. De eso vive el Barsa. Y, perdonen, es divertido de ver. Otra cosa es que el público del Camp Nou, que a pesar del espectáculo, deserta del estadio, no acuda a verlo en directo.

Es otro Barsa

El Barsa ha pasado de la dialéctica a la agresión. Para qué discutir si puedes pelear. Olvídense del Barcelona retórico que aburría al rival con sus discursos. El Barcelona de hoy es una guerrilla que encaja los goles como si fuera un acicate para pegar más fuerte en la siguiente acción directa. Y el día que Suárez emboque la mitad de lo que le llega, será una máquina de reventar redes. Perece que ese día está lejos aún.

El Villarreal, en cambio, supo aprovechar su primera oportunidad para adelantarse en el marcador. Cheryshev marcó el gol. Reaccionó el Barsa al filo del descanso gracias a una aparición de Neymar, que tiene toda la suerte que le falta a Suárez. La primera pelota que tocó acabó dentro. Fue un gol clave.

En la reanudación, el Villarreal demostró que no había acudido a Barcelona a aplaudir. Una jugada descomunal de Gio, que hizo un elogio de la frenada, acabó con el gol de Vietto. Un jarro de agua fría para un Barsa cualquiera, pero no para este que busca la pelea.

Dos minutos después, Rafinha empataba el partido y con las cartas sobre la mesa, la partida estaba para el mejor del mundo: Messi. Apareció el argentino de manera contundente en el 54 con un golazo descomunal desde fuera del área para sentenciar un partido apasionante. La ruleta, mientras esté Messi poniendo fichas, sigue siendo blaugrana.