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No se necesitó el serbio Novak Djokovic de su mejor material, mayor precisión y más elevado nivel de agresividad, para imponerse en cuatro sets 7-6, 6-7, 6-3 y 6-0, al escocés Andy Murray, conquistando por quinta vez el título en el Abierto de Australia, llegando a totalizar ocho “Grandes”, una cifra que lo junta con la realeza cuando todavía tiene tanto que ofrecer a sus 27 años. Así que ¡ojo con él! A seguir sus huellas frente al evidente declive de Federer, el deterioro físico de Nadal y la falta de consistencia para los “maratones” del talentoso Murray.

Djokovic puede ser sorprendido por cualquiera de los nuevos leones, o por jugadores ya construidos y con gran experiencia que se mueven detrás de los llamados cuatro fantásticos, pero su superioridad es incuestionable y su favoritismo en cada torneo es intocable. Si hay un jugador capaz de ganar en la misma temporada los cuatro “Grandes”, una proeza que no se ve desde 1969 cuando lo logró por segunda vez Rod Laver, ese es Djokovic.

UN DUELO EXTRAÑO

Después que Serena Williams se coronó doblegando a María Sharapova para obtener su título 18 en estos torneos cumbres, Djokovic saltó a la cancha para fajarse con Murray, al igual que Federer y Nadal, un viejo conocido. Fue un duelo algo extraño porque en el primer set ganado por Novak 7-6, superando el momento depresivo en que vio desvanecerse una ventaja de 4-1, sufrió una ampolla en su mano derecha y una caída dobla tobillo, y más adelante el ingreso de dos espectadores con pancartas.

Murray mostró un tenis mejor controlado y exhibiendo un gran alcance en el peloteo largo y cruzado que tan bien maneja Novak, para apoderarse del segundo set en otro esfuerzo extra 7-6 nivelando las acciones, y adelantándose amenazante 2-0 en la tercera manga, antes de desajustarse por completo al ser víctima de una vigorosa recuperación del serbio que pasó al frente 4-3. A partir de ese momento, Murray desapareció y Djokovic terminó abrumándolo 6-3 y 6-0, sellando el triunfo.

LO RESUELVE TODO

El problema que tienen los rivales del serbio, es que su tenis sólido y flexible facilita respuestas para todo lo que le proponen con mala intención. Su sentido del anticipo es excepcional y le permite llegarle a pelotas consideradas improbables. Su corte rasante es dañino y su revés cambiando dirección, mortífero. Aún atravesando dificultades como en los primeros dos sets, Novak logra dosificarse y sacarle el máximo provecho a sus recursos, sin perdonar los errores del adversario.

La brillantez puede ser colocada a un lado.