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Soy enemigo de una frase que me resulta agobiante e injusta en el firmamento de los deportes: “todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, en el caso de la Serie del Caribe debo resignarme a darle la razón a los viejos aficionados, porque la época de los llamados súper astros en estos clásicos, quedó atrás.

La culpa la tienen los grandes salarios fuera de órbita. Tendría que haber perdido la sensatez un pelotero que ganando más de 5 mil dólares por cada lanzamiento o cada swing, tome riesgos innecesarios compitiendo en una Serie del Caribe. Sólo nos quedó la terquedad de los recuerdos que por su grandiosidad, se convierten en imperecederos. Ni siquiera el retorno de Cuba al escenario, ahora cojeando no tronando, como lo hacía en aquella primera etapa concluida en 1960, incide en levantar el voltaje de este torneo.

MAYS Y CLEMENTE JUNTOS

¡Ah que tiempos los que se fueron para nunca más volver en el Clásico del Caribe! Fue antes del apogeo de la Agencia Libre, de la aparición del ESPN y de FOX, de las huelgas, de los grandes contratos por cifras exageradas. Un tiempo lejano, como cuando Melquíades llegó a Macondo asombrando a José Arcadio Buendía con un espejo y un imán, gritando que la tierra era redonda como una naranja.

Ahí estaba Willie Mays en 1955, antes de su gran campaña de 51 jonrones y 127 empujadas con los Gigantes, junto con Roberto Clemente, en el line-up de los Cangrejeros de Santurce, mientras el Almendares de la poderosa liga cubana, contaba con el mata-pítcheres Rocky Nelson, la sabiduría y destreza del pitcher Conrado Marrero, más Willie Miranda, Joe Hatten, Héctor Rodríguez y José Valdivieso. Se trataba de verdaderos trabucos.

El evento era el escenario de los grandes batazos de Reggie Jackson, del ímpetu de Willard Brown, de las curvas indescifrables lanzadas por Camilo Pascual, capaz de hacer imaginar a los fanáticos como lucen Beyonce y Shakira en un duelo de cadereo, de la habilidad en el cajón de bateo de un resuelve ecuaciones como lo fue Rico Carty, del punch provoca movimientos telúricos Richter 8 del boricua Orlando Cepeda, o del bateo artístico que desplegaban como si fueran alumnos de Dalí, Chiquitín Cabrera y Rod Carew.

TODAVÍA ALCANZÓ DENIS

Aún en la recta final de los 70 cuando se realizan una segunda etapa restauradora, Denis Martínez lanzaba para los Criollos de Caguas, era un equipazo con Miguel Cuéllar quemando sus últimos cartuchos, pero Eduardo Figueroa, un ganador de 20 juegos en la Liga Americana, brillaba intensamente con Eddie Murray, Cheo Cruz, Jerry Morales, Willie Montañez y Félix Millán.

Denis enfrentó a Mike Norris, uno de los “robots” de Oakland, en duelo de auténticos big leaguers, en la Serie de 1979. ¿Saben quien conectó el único hit del Caguas en ese juego? El cubano Tany Pérez de la Maquinaria Roja. Antes en 1974, Licey presentó un infield con Steve Garvey, Tom Paciorek, Ted Martínez y Bill Buckner, agregando a Manny Mota, Steve Yeager y Charlie Hough. Consideren que Gary Carter, del Caguas fue el catcher del All Star. ¿Qué les parece?

En los años 80, el viento y la variante económica vinculada al estrellato, fue sacando de pantalla a los calificados como “monstruos”. Roberto Alomar, excepcional intermedista, miembro del Salón de la fama, fue uno de los últimos súper astros vistos en estos Clásicos del Caribe? ¿Se imaginan ver a peloteros del calibre de Miguel Cabrera, Félix Hernández, Alberto Pujols, en estas Series? Hoy, este evento no es territorio para “monstruos”. Su recorte fue brusco. ¡Qué pequeño se ve!.