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Han corrido ríos de tinta alrededor de Oscar de la Hoya y Manny Pacquiao, y las especulaciones siguen siendo borrosas mientras la pelea se aproxima como una tormenta anunciada. ¿Cómo cuantificar con precisión, o establecer a base de calificaciones las diferencias entre un boxeador y otro, en un deporte en el cual, un golpe de nocaut, tan veloz e imprevisto como un rayo en seco, lo cambia todo?
Mas allá de entrar en una serie de consideraciones inevitables, sustentadas por la matemática pura, hay grandes contradicciones sobre lo que puede ofrecer este combate. El ¿qué puede pasar?, te introduce en un laberinto más complicado que el construido por Dédalo.


El mejor jab. De la Hoya, por supuesto. Él ha educado muy bien ese disparo de importancia tan trascendental en el boxeo, desde Jack Johnson hasta nuestros días, pasando por Alexis Argüello. Ese trazo luminoso como un rayo láser, aun admitiendo su desgaste, es superior al de Pacquiao.

Más poder. Otra ventaja clara de Oscar. En 147 libras no se va a sentir un extraño como Pacquiao. Hay que considerar que De la Hoya está acostumbrado a enfrentar toros de “esa raza”, en cambio, el punch de Pacquiao no será tan destructivo frente a un adversario de superior estructura física.

Más flexible. Pacquiao, sin duda. Sus variantes ofensivas son múltiples, pero Oscar, aun habiendo visto pasar su mejor época, nunca ha sido manco en la defensa. Esa facilidad de Pacquiao para movilizarse puede desajustar el mecanismo de Oscar.

Dureza mental. Los dos se ven parejos en esta asignatura. De la Hoya, exceptuando la forma como se derritió frente a Hopkins, es un graduado, en tanto Pacquiao ha sido un auténtico samurai. Ambos son capaces de cabecear granadas y caminar descalzos sobre las brasas.

Combinación de golpes. En esta tarea, De la Hoya ha sido de los mejores. Naturalmente, no es el mismo, pero su ventaja en este terreno, sin abrumar, es obvia. Pacquiao, utilizando “escopetas recortadas”, tendrá más dificultades para realizar combinaciones.

Más estamina. Pacquiao. Su grado de excitación siempre ha sido óptimo, aun en las circunstancias más adversas, lo mismo que la firme creencia en sus posibilidades, y el agregado de esa condición física que le permite sostener un ritmo enloquecedor.

Más recursos. ¿Alguien duda de la ventaja que muestra Oscar? Ya lo hemos dicho, pero bien vale la pena recordarlo: en su agitada carrera, De la Hoya ha resuelto a grandes peleadores de diferentes estilos, encontrando el antídoto.

Quijada más fuerte. Ésta es una interesante intriga. El Oscar en plenitud tendría ventaja, no en observación sobre el estado atlético conseguido. Pacquiao parece de concreto, pero estará siendo sometido a impactos superiores.

Más efectivo cerrando. El De la Hoya de los grandes retos fue altamente eficaz en esta gestión, pero, ¿podrá seguir siéndolo? Pacquiao podría tener ventaja en este asunto de la cuerda larga por el divino tesoro de su juventud, si cuida que su condición física no sea averiada en el transcurso de los rounds.

La mayor incertidumbre. Los pesos más grandes sólo pierden cuando se han deslizado hacia la mediocridad. ¿Veremos un De la Hoya diferente al que se enredó con Forbes? Pienso que sí, consciente del rival que enfrentará.

Pronóstico. De la Hoya por nocaut, superando dificultades.