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Los ojos del Camp Nou se abrieron al asombro. El equipo local, el fulgurante Barcelona de Luis Enrique, de futbol tan floreciente y revitalizante después de su último naufragio frente al Real Sociedad, marchitado súbitamente. ¿Cómo fue posible eso? Un error casi grotesco de Dani Alves, que apareció en pantalla como la torpeza de un instante, facilitó el gol de Juanmi en el minuto 7 con Bravo desarmado, y el Málaga cerró espacios fabricando todo tipo de obstáculos, para imponerse 1-0. Ni Messi, ni Neymar, ni Suárez, todos oscurecidos, lograron encender los bombillos para encontrar la salida del laberinto.

SIN LUZ Y SIN PÓLVORA

El recuerdo amargo del primer duelo, 0-0 en La Rosaleda con el Barsa atenazado, sin poder disparar entre los tres palos a lo largo de 90 minutos, cobijó las tribunas mientras el tiempo avanzaba y todos los intentos azulgranas se desvanecían de diferentes formas en un ejercicio de inutilidad desesperante. Nada que ver con el equipo inspirado y productivo que, en busca del tiempo perdido y la reputación mordida, fue capaz de construir once triunfos consecutivos en un alarde de recuperación.

En esta ocasión, Luis Enrique no tuvo la fatal ocurrencia de sentar a Messi y Neymar en los primeros 45 minutos, pero el encontrarse tan rápidamente en ventaja, fortaleció al Málaga, le permitió fajarse en el medio, otrora territorio sagrado para la creatividad del Barsa, hacerse sólido atrás con buena cobertura, anticipo y presión, y refugiarse en contragolpes amenazantes que exigieron cierres apurados, un manotazo providencial de Ramos y un trajinar inagotable de Piqué.

POCAS OPORTUNIDADES

Se pensó que con 83 minutos pendientes, un equipo tan enchufado como había lucido el Barsa, borraría ese gol de Juanmi y redimiría a Alves, quien con una displicencia arrogante retrasó débilmente el balón a Bravo, solo para que el atacante del Málaga se adelantara apropiadamente para conseguir la proyección que desarticuló al arquero y le permitió empujar la pelota para establecer el 1-0. Sin embargo, el Barsa, desprovisto de chispazos, estuvo apagado y murió ahogado por el cero.

Una de las pocas posibilidades, de salvar por lo menos un punto, estuvo en los pies de Pedro entrando por la derecha, recibiendo de Suárez en el minuto 83, pero disparando desviado. Antes Rafinha y Suárez dispusieron de opciones finalmente malogradas y, más adelante, contra reloj, Piqué se quedó corto.

Ahora, urge un restablecimiento, porque el martes en la Champions el Barsa tiene que enfrentar al Manchester City, equipo de gran capacidad ofensiva, que lo exigirá al máximo. En lugar del crecimiento que hubiera garantizado una racha de 12 triunfos, el equipo azulgrana llega golpeado y aturdido a un duelo de tanto significado. Seguramente, Luis Enrique necesitará calmantes para poder dormir en estos días.