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Imposible tener previamente una idea clara de lo que pueda ocurrir hoy entre Oscar de la Hoya y Manny Pacquiao. Por mucho que nos esforcemos girando alrededor de las más hábiles teorías, toda especulación es inútil. Eso multiplica el interés de quienes se precien de ser expertos en la materia boxística.

Como apunta Dickens en su preciosa obra Historia de dos ciudades, para Manny parece ser el mejor de los tiempos y para Oscar el peor en lo referente a plenitud física; para el filipino todo es asunto de fe, en tanto el Muchacho Dorado se ve sumergido en la inseguridad; Pacquiao se siente atravesando la primavera de la esperanza, y De la Hoya el invierno de la desesperación por seguir en pie de lucha contra viento y marea.

¿Quién de ellos será precipitado hacia el abismo esta noche en el ring del gigantesco Hotel MGM en Las Vegas? Esa intriga estará viajando a bordo del Expreso de Oriente. Cuando salten como panteras en busca de la victoria, nos parecerá estar escuchando la música contagiosa de los Bee Gees con su canción “Permaneciendo viviendo”. Ahí estará la impresionante fiereza de Pacquiao, contra la destreza cultivada del viejo león todavía rugiente como lo es De la Hoya. ¿Recuerdan Hagler-Leonard? “Es un crimen”, gritamos todos, con la seguridad de ver a Leonard atropellado por un tren. Hagler era más poderoso y con un ímpetu devastador, pero no estaba siendo mordido por el desgaste como Oscar. Eso sí, Sugar estaba cerca de él físicamente y en tonelaje, no tan distante como Pacquiao.

De la Hoya fue bastante golpeado por Forbes. Obviamente, Pacquiao, con su rapidez, atrevimiento y capacidad de desborde, puede convertirse en una pesadilla, si consigue penetrar y escapar.

El filipino tendrá que tomar riesgos frente al estupendo golpeo de combinaciones rectas de Oscar. ¿Qué tipo de frecuencias podrá aplicar el Muchacho Dorado cuando vaya a fondo cuidando graduar su pérdida de energías? Imponer respeto en los primeros asaltos es clave para De la Hoya. Eso lo obliga a presionar, y no hay mejor forma de hacerlo que apretando a Pacquiao contra las sogas. Si Oscar no es lo suficientemente preciso en esta tarea, podría perder la brújula del combate.

Se supone que la pelea larga favorece a Pacquiao por garantizar mayor intensidad en el tramo final, como Hicham El Guerrouj, ese formidable corredor. De la Hoya tiene que apurarse en conseguir buenos golpes muy temprano, golpes que empujen a Pacquiao y que lo hagan poner su barbilla en remojo.

Podría no ser una gran pelea, pero sí lo necesariamente emocionante para mantenernos en pie, modificando teorías, cargada de situaciones cambiantes. Nadie espera algo unilateral, ni de un lado o del otro. Antes que el misterio comience a aclararse, creo más en De la Hoya.

dplay@ibw.com.ni