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LAS VEGAS / AP
Oscar de la Hoya pudo haberle ganado a Floyd Mayweather Jr. si hubiera continuado presionando con su jab para luego conectar algunos ganchos. También pudo haber derrotado a Félix Trinidad si no se hubiera dedicado a correr en los últimos rounds, e incluso pudo haber superado a Shane Mosley de no haberse quedado sin combustible en sus dos peleas.

En todas esas derrotas hay un denominador común: la culpa siempre fue de otra persona. “Así es él”, dijo el entrenador Freddie Roach. “Nunca acepta la culpa. Siempre le echa la culpa a otros”.

De la Hoya no tendrá a nadie a quien culpar si hoy sábado no puede vencer a un Manny Pacquiao a quien supera en peso y estatura en una pelea en la división welter (147 libras).

A diferencia del combate entre De la Hoya y Mayweather el año pasado, Roach no estará en la esquina del estadounidense de ascendencia mexicana. Estará al otro lado del ring ayudando al filipino.

Roach se conformaría con una victoria por decisión. Pero lo que le encantaría ver es un nocaut que envíe a De la Hoya al retiro.

“Cada noche antes de acostarme pienso en las posibilidades”, dijo Roach. “No puedo dormir hasta que llego al final adecuado. Y siempre termina con Manny noqueándolo”.

Una parte de la confianza de Roach tiene su fundamento en que Pacquiao es un púgil con un talento extraordinario, al que muchos consideran como el mejor del mundo. La otra parte es por haber entrenado a De la Hoya durante varios meses para su pelea contra Mayweather, y haber visto lo que sucedió justo antes de subir al cuadrilátero.

“Estaba muy nervioso”, dijo Roach. “Nunca había visto a un peleador con tanta experiencia estar tan nervioso”.

Por supuesto, De la Hoya no está de acuerdo y como evidencia apunta a varios triunfos en peleas importantes contra Julio César Chávez, Fernando Vargas y Pernell Whitaker, entre otras. Pero la realidad es que no gana un combate estelar desde que derribó a Vargas hace seis años.

A los 35 años, De la Hoya necesita una actuación espectacular contra Pacquiao si quiere seguir recibiendo los enormes cheques que le pagan cada vez que se pone los guantes.

De la Hoya, el peleador, lo sabe. Y De la Hoya, el promotor, también.

“Estaré muy desilusionado si esta pelea no termina con un nocaut”, dijo De la Hoya. “Sería un desastre total para mí”.

De la Hoya espera evitar ese desastre intercambiando golpes a granel contra un gladiador que siempre va hacia adelante sin importarle las consecuencias. Pacquiao ha tenido éxito en el pasado, pero ahora tendrá que cuidarse de un oponente que lo supera en estatura, alcance y potencia.

Pacquiao (47-3-2, 35 nocauts) tiene garantizado un pago de 11 millones de dólares, mientras que De la Hoya (39-5, 30 nocauts) podría recibir el doble.

El filipino, idolatrado como una estrella de rock en su país, debutó en las 106 libras y ganó su primer título en las 112 libras. En junio se coronó en el peso ligero (135 libras) con un nocaut en nueve asaltos sobre David Díaz.

Pero nunca ha peleado con alguien tan grande como De la Hoya, quien llegó a incursionar en el peso mediano y que bajó al peso welter por primera vez desde 2001.