•  |
  •  |
  • END

Yo creí, que por tener pistolas más pesadas y poder contar con algo de la destreza que lo llevó a la cima del Everest en el boxeo mundial, Oscar De la Hoya sometería al brioso Manny Pacquiao al mandato de sus puños.

Pensé, que con claras ventajas en estatura y alcance, saliendo de un intenso adiestramiento, De la Hoya tenía más significado como amenaza que Juan Manuel Márquez, quien le planteó al filipino una pelea complicadísima, forzando electrizantes cambios de metralla.

¿Cuándo estás en lo cierto teorizando en el boxeo? Quienes creímos que Alí no tenía chance con Foreman, en Zaire; que Leonard todavía podía resolver a un peleador fogoso como Terry Norris; que Trinidad disponía del armamento para fajarse con Bernard Hopkins; sentimos una y otra vez cómo nuestras mandíbulas eran golpeadas por lo real.

“Fui yo quien decidió parar la pelea. Oscar no pudo adaptarse al estilo zurdo de Pacquiao y estaba recibiendo muchos golpes. ¿Para qué seguir?, pensé. No era necesario”, dijo el experimentado entrenador Nacho Beristain, frente a las cámaras de ESPN en entrevista escuchada por internet.

“Yo pensé que la mano izquierda de Oscar impondría respeto y sería definitiva. Resulta que Pacquiao fue un blanco móvil, había que seguir su sombra y estar muy atento a sus arremetidas. Eso fue demasiado para De la Hoya, quien sin pistolas cargadas se vio fuera de distancia en largos pasajes del combate”, agregó.

¿Por qué Pacquiao se vio involucrado en dos peleas tan cerradas con Juan Manuel Márquez y no enfrentó problemas con De la Hoya?, le preguntaron.

“Asunto de estilos. Márquez tiene movimiento y es un contragolpeador eficaz cargado de vitalidad. No es alguien que ya vio pasar su mejor momento y se está esforzando por alargar su presencia en los cuadriláteros, pese a la evidente pérdida de facultades”.

¿No debe seguir De la Hoya? “Ésa es un decisión que le corresponde a él y deberá estudiarla. Se trata de un hombre inteligente que sabrá qué hacer una vez que llegue el momento de reflexionar sobre su futuro”, dijo Beristain masticando las fresas de la amargura.

Hay una respuesta de Oscar que lo dice todo, no sólo sobre lo que ocurrió entre las cuerdas, sino sobre su futuro: “No pude conectarle un buen golpe. Cada vez que lo buscaba, él no estaba ahí”.

Cuando eso ocurre, no se trata de decir “mi corazón todavía quiere pelear”, sino de tomar la decisión correcta. El boxeo, a diferencia de los otros deportes, deja muchos “muertos” deambulando.

Sin necesidad, con sus cajas fuertes llenas, con grandes inversiones, joven todavía y edificando una gran familia, ¿por qué seguir en una actividad tan desgastante? Eso sería un disparate.

dplay@ibw.com.ni