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ESPN.com / LAS VEGAS
Las multitudes que criticaron esta pelea entre Oscar De La Hoya y Manny Pacquiao como una pelea despareja estaban en lo cierto. Pero la pelea no terminó siendo despareja hacia el lado que ellos esperaban. No fue así. De La Hoya, el boxeador más grande por naturaleza, un hombre que había combatido entre las 130 y las 160 libras y había ganado títulos en las seis divisiones entre esos dos extremos de la balanza, no se anotó una victoria fácil. Es más. Ni siquiera anotó una victoria difícil.

En lugar de eso, recibió una buena paliza que lo llevó por todo el ring durante ocho asaltos de abuso sin fin. Cuando concluyó, fue apenas la sombra de De La Hoya, con su ojo izquierdo hinchado, la que se retiró en su banquillo al final del octavo asalto, cuando el entrenador Nacho Beristain tiró la toalla este sábado por la noche ante una multitud de 15,001 personas agolpadas en el MGM Grand.

Pacquiao, también conocido como Goliat, había derrotado a De La Hoya, a quien quizás nunca más veamos pisar un ring, o a quien quizás no deberíamos volver a ver en el ring nuevamente, después de ser destruido al punto de terminar en el hospital como medida precautoria. ¿Hay acaso alguna duda de que Pacquiao, el tornado filipino, es el mejor boxeador del mundo libra por libra? Después de esta actuación, no debería haber dudas. Aquí tenemos a un hombre, héroe en su país, que se hizo profesional en las 106 libras y ganó títulos en las 112, 122, 126, 130 y 135 libras, antes de saltar dos divisiones para enfrentar a De La Hoya en la categoría de las 147 libras. Los críticos de esta pelea en el peso welter, una idea concebida el año pasado por el periodista de HBO Larry Merchant, la descalificaron como una broma. Pacquiao, quien apenas había tenido un solo combate en las 135 libras a comienzos de año, era demasiado pequeño para De La Hoya, dijeron.

Veremos qué es lo que dicen ahora. Pacquiao fue magistral, y castigó a De La Hoya con brutales rectas de izquierda toda la noche. Su velocidad fue impresionante ante un De La Hoya que pareció una estatua, y el rostro del “Niño de Oro”, de 35 años, lució muy golpeado cuando el combate finalmente concluyó.

Fue tan duro para De La Hoya que en el séptimo asalto Pacquiao conectó 45 golpes de poder, la mayor cantidad que se haya registrado, según CompuBox, en las 31 peleas de De La Hoya que ellos han computado. “Lo golpeé con muchos golpes en los últimos asaltos”, dijo Pacquiao, de 29 años. “No pensé que duraría tanto”. Freddie Roach, el entrenador de Pacquiao, quien también había entrenado a De La Hoya en su derrota ante Floyd Mayweather del año pasado, lo había provocado durante los días previos diciendo que De La Hoya ya no sabía cómo halar del gatillo.

Roach estaba en lo cierto. Tras el combate, el entrenador y su ex pupilo compartieron un momento en el ring. Se abrazaron, y De La Hoya dijo: “Freddie, estás en lo correcto, ya no tengo lo que hace falta”.

De La Hoya (39-6, 30 KO’s) fue incapaz de lanzar sus golpes como lo había estado haciendo siempre, y la diferencia en velocidad entre ambos púgiles fue extraordinaria. Pacquiao (47-4-2, 35 KO’s) lanzaba combinaciones de cuatro y cinco golpes, y De La Hoya solamente respondía con golpes esporádicos.

“El sueño se cumplió esta noche”, dijo Roach. “Esta victoria no fue una sorpresa. En el primer asalto yo ya sabía que lo teníamos. No tenía piernas, estaba terminado. Mi boxeador estaba demasiado bien físicamente para él. Oscar es un gran campeón, tuvo una gran carrera. Espero que no nos guarde rencor”.

El legado de De La Hoya estaba sellado mucho antes de su derrota, pero fue triste verlo recibir semejante paliza. Pero él le dio a Pacquiao mucho crédito por su victoria. “Pacquiao es un gran boxeador, y fue el mejor de los dos”, dijo. “Pacquiao merece todo el crédito. Yo simplemente no pude entender su estilo”. Ese estilo fue simplemente el mismo que hemos visto durante años: una ola apabullante y continua de movimiento.

“Pude defenderme contra el jab y él no pudo conectar, y yo pude conectar con todo lo que tiré”, dijo Pacquiao. “La velocidad fue la respuesta en esta pelea. Lo único que me sorprendió fue que mi entrenador eligió el asalto en el que ganamos”.