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Millones de filipinos celebraron hoy por todo lo alto el triunfo del boxeador local, “Manny” Pacquiao, ante el púgil estadounidense de origen mexicano, Óscar De la Hoya, una de las mayores estrellas de este deporte en los últimos años.

La presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, vio el combate por televisión y envió un mensaje de felicitación a Pacquiao, en el que afirmó que su hazaña “demuestra el espíritu de los filipinos, nuestra fortaleza y pundonor para afrontar todos los retos”.

Por todo el país, las familias se levantaron pronto para acudir a la misa dominical antes del combate.

Al mediodía --hora local-- se mantuvieron pegados a sus pantallas, mientras observaron cómo “Pacman” ganó por K.O. técnico a De la Hoya después del octavo asalto. Todos estallaron de júbilo cuando el liviano púgil levantó su puño en señal de victoria sobre el cuadrilátero del casino Mandalay, en la ciudad estadounidense de Las Vegas, aunque algunos se quejaron del flojo nivel de su inglés en el discurso.

En la habitualmente congestionada capital, las calles estaban totalmente vacías hasta que terminó la pelea, la cual se pudo ver en varias pantallas gigantes repartidas por los numerosos centros comerciales de la ciudad.

No se registró ni un sólo crimen en una de las urbes con mayor índice de delincuencia de Asia, pues todos estaban ocupados viendo a Pacquiao.

Incluso en las zonas del conflicto, el Ejército y las guerrillas comunistas e islámicas acordaron, como es habitual, un día de tregua para no perderse la pelea.

Filipinas se paraliza por completo para ver los combates de este ex panadero de 27 años, amigo personal de Arroyo, a la que apoyó durante su campaña en las elecciones presidenciales de 2004, aunque él no pudo obtener un escaño de diputado en las legislativas de 2007.

Es un auténtico fenómeno de masas en un país donde no abundan los grandes deportistas, y portada habitual de la prensa del corazón por sus sonados idilios con actrices y modelos.