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¡Qué difícil fue el triunfo del Barcelona 2-0, con una pierna oportuna de Eto’o enderezando en el área chica, la de los escalofríos, ese cabezazo hacia abajo de Puyol, y uno de esos toques mágicos que Messi almacena en “la lámpara” que tiene por botín zurdo!
¡Cómo se fajó el Madrid frente a tanta adversidad, fabricando incluso dos ocasiones claras de golpear en la mandíbula al Barcelona, la penetración de Drenthe a los 25 minutos malogrando un mano a mano favorable con Valdés, y la opción de Palanca por la derecha, neutralizada por el cierre de ángulo y precisión de reflejos del arquero!
Durante 82 minutos, el oscilante muro del Real Madrid había resistido todo tipo de embestidas a base de agallas, hasta que finalmente fue derribado. Una vez más, se comprobó que la presión mata, y aunque la tropa de Juande Ramos evitó la goleada, no pudo escapar a la derrota.

De pronto, las fieras azulgrana hicieron su aparición destrozando la posibilidad de un resultado milagroso. Asombrosamente, atravesando por terribles dificultades, burlando trampas, apagando hogueras, entrando y saliendo en el pozo de la angustia, el Real Madrid estaba aferrándose a un increíble 0-0.

El Barcelona iluminado, con su ímpetu sostenido, mostrando ese fútbol ofensivo envolvente y enloquecedor, manteniendo a la esforzada defensa del Madrid en el laberinto, y disparando como la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James asaltando un banco, no había podido perforar al siempre gigantesco Iker Casillas. Ni siquiera cuando Eto’o cobró un penal por culpa de Salgado a los 67 minutos, el equipo puntero del fútbol español, pudo sacudir las redes. Casillas fue hacia su izquierda en reacción felina y con un zarpazo a dos manos, frustró al “matador”.

Cuatro minutos después, el mismo Casillas, desviando un disparo envenenado de Eto’o, y recuperándose con admirable rapidez para tapar el remate inmediato de Messi, quien se encontraba fuera de lugar por una nariz, hizo pensar a la multitud, que pese a la brillantez de su equipo, no conseguirían goles.

Quedaban ocho minutos. Muchas veces una eternidad, y en otras, un suspiro, lo cual depende de las circunstancias. Otro corner del Barcelona, pelota por arriba que Puyol busca rechinando sus dientes y con los ojos llameantes. La cabeza del bravo defensa presente en el área como parte del oleaje, bajó la pelota hacia el ombligo del área pequeña. Ahí estaba Eto’o, no perturbado por el penal perdido, y con su pierna derecha, empuja el balón que pierde de vista un repentinamente aturdido Casillas. El estadio estalla de júbilo con el 1-0.


El Barcelona no se enfrió y fue a fondo nuevamente apoyándose en la forma de pensar de Joe Louis, si tienes a un rival herido, o groggy, no le des tregua, remátalo. Y fue así que con Henry entrando por el centro y Messi mostrándose por la izquierda, se produjo la entrega rasante exacta, y el argentino, con una magistral estocada zurda sacada de un libro de Dumas, estableció el 2-0 en el minuto 90.

Con 12 puntos de desventaja, al amanecer de hoy, las campanas seguían repicando por un Madrid que murió en paz, tratando de ir mas allá de sus posibilidades reales.