Edgard Tijerino
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¿Cuál fue la última señal que nos envió Manny Ramírez? La de un artillero en plena “ebullición”. Sus 17 jonrones en 53 juegos con los Dodgers, impulsando 53 carreras y registrando .396 puntos, lo mostraron tan ruidoso y humeante como una locomotora acelerada sacando chispas de los rieles. ¡Diablos!, él fue Atila repartiendo palo, arrancando brazos, fabricando victorias. No parecía haber forma de pararlo, y no la hubo.

Impactando de esa forma rumbo a los 37 años, quedó la impresión de que hay Manny para un buen rato, quizás no para un rato tan largo como los cinco años que pretende, pero sí para los dos o tres que le ofrecen quienes no quieren tomar riesgos frente al implacable paso del tiempo y el inevitable peligro de deterioro, algo que ha ocurrido súbitamente en varios casos, tan llamativos y aparentemente con durabilidad garantizada, como se ve Ramírez en pantalla en estos momentos.

Probablemente, cualquiera de esos equipos con cajas fuertes lo suficientemente grandes, estaría dispuesto a asegurarle unos 25 millones por temporada a Ramírez, quien en el cajón de bateo puede ofrecer cifras equivalentes a las que proporciona Alex Rodríguez, con mayor incidencia, como lo demostró con Medias Rojas y Dodgers.

“Mi meta es llegar a los 700 jonrones y después retirarme”, dijo Manny a Enrique Rojas de ESPN Deportes. Actualmente, con 527 vuelacercas, Ramírez, todavía sin una temporada de 50 y con un máximo de 45, necesita 173 para aterrizar en la pista de los 700, sólo reservada para Barry Bonds (762), Hank Aaron (755) y Babe Ruth (714), lo que requiere un promedio de 44 en los próximos cuatro años, o 35 en un trayecto de cinco campañas.

Un decrecimiento en su poder, posibilidad que estará latiendo como amenaza, obligaría a Ramírez a utilizar más tiempo y estirar su esfuerzo más allá de los 41 años. A esa edad, Jimmie Foxx, bateador de 534 jonrones con una temporada de 50 y otra de 58, ya había salido de los box scores; el permanentemente lesionado Mickey Mantle, tenía tres años de haber metido su bate en el congelador; y Babe Ruth venía de concluir su última campaña, apareciendo sólo en 28 partidos con los Bravos de Boston, durante su rápida presencia en la Liga Nacional.

A los 41 y 42 años, Hank Aaron conectó 12 y 10 jonrones en 465 y 271 turnos, con su punch desvanecido, en tanto Barry Bonds sospechoso del uso de esteroides, disparó 26 y 28, antes de ver cómo se le cerraban todas las puertas y convertía en discutible su ingreso al Salón de la Fama.

La primera opción para los equipos que buscan desesperadamente poder y producción, es Mark Texeira de 28 años, y detrás, Ramírez, el veterano con mucha mecha, un cartucho de dinamita en el cajón de bateo y posible factor de seguridad por dos o tres años.