• Managua, Nicaragua |
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Como Alejandro, César o Napoleón, un Luis Enrique sin poder ocultar su aturdimiento por las dificultades, debe haber respondido a todos los cuestionamientos que se le pueden hacer a su Barcelona desteñido, aunque más efectivo y preciso que el Granada: “Finalmente, lo que importa es ganar”. Obtener tres puntos, eso es lo que suma y vale de verdad, independientemente del nivel de brillantez, y eso es lo que se logró con la victoria por 3-1, pese a no mostrar el deslumbramiento que cegó al Manchester City en la Champions, continuando la persecución del Real Madrid en esta Liga cada vez más cuesta arriba para la tropa azulgrana.

¡Qué difícil es acostumbrarnos a lo imprevisible de este Barcelona después de poder adelantarnos con nuestra imaginación a la próxima jugada en otros tiempos! Hoy, el medio campo como expresión de funcionamiento colectivo, no es determinante en el planteo, aunque sí, un medio campista como el croata Rakitic es capaz de hacerse cargo de fabricar la mayor agitación con el atrevimiento proporcionado por su capacidad de agresión. A ratos en ciertos juegos, puede ser Iniesta, o lo que queda de Xavi, o Busquets avanzando con temeridad, o Mascherano abriendo surcos con su fogosidad, pero aquel entendimiento tan magistral como agobiante en el medio, soporte de todas las incursiones en el área, solo se ve algunas veces.

Neymar oculto

Lo esencial en este Barcelona es la incidencia del tridente ofensivo suramericano con Messi, Suárez y Neymar, reducido a dos en los últimos juegos por el extraño decrecimiento del brasileño, dependiendo del impulso del uruguayo, quien ha marcado cinco goles en los recientes seis juegos y anda gritando ¡apártense! Ayer con Messi a media luz y Neymar en la oscuridad, Suárez y Rakitic, levantaron el estandarte, agilizaron al Barsa y golpearon al Granada. Rakitic aprovechando una falla de Cala, estableció el 1-0, y Suárez, en llamativa combinación con el croata, aumentó la diferencia 2-0 antes del penal cometido por Bartra derribando al activo Lass y ejecutado impecablemente por Fran Rico a los 53 minutos recortando 2-1 por un rato.

Una gran maniobra de Suárez por la derecha en el minuto 71, sacando a Oier de su cabaña y dejándolo expuesto a la confusión, facilitó una cómoda entrega a Messi en posición adelantada, que el argentino concretó después de haber malogrado un par de opciones ampliamente favorables. A esa altura, el 3-1 sepultaba al Granada, limitado para agredir pero mordedor y esforzado atrás. Era la diferencia esperada entre un equipo de 70 goles que pelea el liderato, y otro de apenas 16 al momento de sonar el silbato limitado a tres triunfos y diez empates.