• Managua, Nicaragua |
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El día que lo iban a noquear, Valentín León se levantó temprano para esperar la llegada de la noche, consciente de haber conseguido un boleto para entrar al laberinto donde se encontraría con la furia boxística de Román “Chocolatito” González y moriría. Quizás de esa forma hubiera hecho el enfoque prepelea del sábado, el mítico García Márquez, como si se tratara de la historia trágica de Santiago Nasar en “Crónica de una muerte anunciada”.

SIN LUGAR PARA INTRIGAS

En ningún momento, León fue considerado un peligro para Román. A sus 35 años, ese récord ensombrecido por 28 derrotas, aunque solo dos de ellas en sus últimos 10 combates, le quitaba intriga al combate con el pinolero que ha sido campeón mundial en las tres divisiones más pequeñas del boxeo, permaneciendo invicto. Incluso, se llegó a descartar la posibilidad casi siempre latiendo entre las cuerdas, de algo sorprendente, así como verlo caminar largo. El nocaut que ocurrió por suspensión en el tercer asalto, estaba previsto.

En los años 60, cuando Eduardo “Ratón” Mojica se encontraba atravesando una época resplandeciente, todo peleador azteca era una garantía del espectáculo por su bravura y entrega, y eso continuó en los años 70 mientras Alexis Argüello subía por los escalones de esa escalera que te lleva al cielo del boxeo mundial. Bastaba decir que un peleador era mexicano y el público se volcaba sobre las ventanillas de boletos con la seguridad de ir a ver fuego y candela.

ATREVIDO INICIO

En el primer asalto, León se mostró atrevidamente agresivo yendo hacia delante disparando golpes rectos, intentando ejercer presión y hasta incursionando en el campo minado del cuerpo a cuerpo. Sobre la mitad del round, cubierta la etapa de observación para rayar el cuadro, “Chocolatito” comenzó a soltarse y León tuvo que retroceder hasta las cuerdas. Con su mirada fiera clavada en los objetivos, el nicaragüense desplegó por casi un minuto, una recia ofensiva para hacerse sentir e imponer respeto. León supo reaccionar y regresó a las brasas agilizando la pelea.

Intentó hacer lo mismo el azteca en el inicio del segundo asalto, pero “Chocolate” lo recibió con combinaciones arriba sin perder oportunidad de dirigir sus ganchos abajo, mientras León embistiendo a lo que saliera, usaba su cabeza hasta ser amonestado por el réferi Onofre Ramírez, exolímpico nica en 1980. Román consiguió precisión en su golpeo alto y sacudió la cabeza de León con par de derechas, antes de enviarlo a la lona con otra larga. Después del conteo de protección, León se concentró en tratar de sobrevivir hasta que el sonido de la campana le pareció música celestial.

FINAL INFERNAL

El mexicano regresó a un tour por los círculos del infierno, víctima de un bombardeo efectivo de Román en el arranque del tercer asalto. Era evidente que el nica había salido apurado en busca de la definición. Un golpe bajo de Román antes de cumplirse el primer minuto, proporcionó un respiro a León, pero una vez reanudadas las acciones, un resbalón del azteca fijado como caída, un legítimo derrumbe de rodilla en tierra, otro resbalón mostrando el rostro sangrante y una violenta descarga interrumpida por el árbitro Ramírez terminaron con el suplicio de León.

Una pelea desigual resuelta por “Chocolatito” en tres asaltos, tiempo suficiente para disfrutar de los destellos de grandeza que siempre envía, aún haciendo sombra o golpeando sparrings entrenando, este pinolero de tanta destreza y cargado de dinamita.

42-0 es el balance de Román González con 36 nocauts, mientras que León desmejoró su balance en 38 triunfos, 29 derrotas, con 21 nocauts.