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Un lacónico epitafio para Orestes Miñoso: Creciste y moriste siendo una inspiración. Lo digo porque todos los recuerdos que giran alrededor de Miñoso son sublimes, excepto dos: las puertas cerradas del Salón de la Fama y el despojo del título de Novato del Año en 1951, víctima del favoritismo yanquista por Gil McDougald.

Tuve la suerte de conversar varias veces con el gran Miñoso, el primer negro latino en las Grandes Ligas, haciendo su aterrizaje en Cleveland con los Indios en septiembre de 1949, casi tres temporadas después que Jackie Robinson derribara la nefasta muralla que mantuvo distantes a Martín Dihigo, Satchel Paige y tantos otros superastros de color. La última vez fue en La Romana, República Dominicana, en el 2011, cuando Denis Martínez entró al Salón Latino.

UN BREVE DEBUT

Siempre lucido y jovial pese a su acercamiento a los 90 años de edad, hablando del beisbol que jugó y del que vemos ahora --con cuidado de no abrir heridas--, respetuoso, cobijado por el sentido común que es a veces el menos común de los sentidos. Un monumento a la raza estoica como seguidor de las huellas de Robinson.

Durante su breve debut, solo estuvo en nueve juegos con los Indios en 1949 y al año siguiente, fue enviado a las Menores, regresando a la Gran Carpa en 1951. Apenas habían pasado ocho juegos y los Indios lo enviaron a los Medias Blancas, permaneciendo con ellos hasta 1957, alcanzando una gran notoriedad peleando el Novato del Año de 1951, registrando dos temporadas consecutivas con más de 100 empujadas y superando en tres de cuatro años los 300 puntos.

VÍCTIMA DE DESPOJO

¿Por qué Miñoso no fue el Novato de la Liga Americana en 1951, año que Willie Mays obtuvo el reconocimiento en la Liga Nacional? Es difícil batallar con un yanqui. Lo supo muy bien Ted Williams. Cierto, McDougald apareció en 15 juegos menos que los 146 de Miñoso, pero el cubano disparó 50 hits más (173-123), impulsó 13 carreras más (76-63), lo superó por 17 robos (31-14), dejándolo también atrás en bateo (326-306). ¿Qué más se le podía exigir? Incluso, sus cifras fueron superiores a las de Willie Mays, Novato del Año en la Liga Nacional con 274 puntos, 127 hits, 68 empujadas y 7 robos en 25 juegos menos con los Gigantes.

Los exigentes calibradores de quienes pretenden entrar a Cooperstown, consideraron que con 1,963 imparables, 1,023 remolques, 186 vuelacercas y 205 robos no podían abrirle las puertas y lo dejaron afuera. Ninguna utilidad tuvo el truco de hacerlo jugar por cinco décadas con solo tres juegos en los 70 y dos en los 80.

VINO CON UN TRABUCO

Igual que Willie Mays y Roberto Clemente, el gran Miñoso jugó aquí. Lo hizo en febrero de 1956, antes de ponerse en marcha la primera liga de beisbol profesional. El Ing. Bayardo Cuadra, experto en el beisbol de aquellos tiempos, facilitó detalles atendiendo mi llamada telefónica.

Miñoso vino con un trabuco de peloteros cubanos: El cátcher René Friol, el antesalista Héctor Rodríguez, el paracorto José Valdivieso, como intermedista Pedro Ballesteros, en la inicial Carlos Paula y en los bosques Miñoso, Ángel Scull y Julio Becquer más Orlando Leroux, Juan Delis, Juan Izaguirre y Mario Días. Como monticulistas: Roque Contreras, Jiquí Moreno, René Vega y David Jiménez al frente. En una serie de cuatro juegos, iniciada el 24 de febrero de 1956, las Estrellas de Miñoso barrieron 7-0 al Cinco Estrellas, 9-0 al Granada, 9-2 al San Fernando y 14-2 al Bóer.

El informe dice que fue encontrado sin vida en el asiento del conductor de su vehículo. No había trauma. Se diagnosticó falla pulmonar consecuencia del desgarro de una arteria. Un gran pelotero. Inolvidable. Estaba por cumplir 90 años.