Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

¿Alguien por ahí consideró viable aquel 17 de diciembre de 1976 que Nicaragua venciera 5-0 a Cuba, equipo de destructivo line-up con el mejor pitcher amateur del mundo en la colina, y racha de seis años sin perder en torneos internacionales? Eso sólo había ocurrido tres veces, en 1940, 1952 y 1972, todas con etiqueta de “milagro”.

En medio del natural escepticismo, el bravo Guajiro se encargó de retorcer los vaticinios con un pitcheo valiente, cerebral y finalmente mortífero, derritiendo el poderío cubano. A un lado del asombro, nos preguntamos: ¿Cómo fue posible blanquearlos, permitiendo 11 hits y otorgando tres pasaportes? No, no podíamos creer que con 14 hombres circulando en las bases, Cuba no anotara carrera. Pero ahí estaba la pizarra luminosa, como una prueba irrefutable de lo ocurrido.

No fue una sinfonía de pitcheo, pero resultó impresionante. ¡Qué hermosa victoria, como una mañana en la playa bañada por el sol! Porfirio sólo necesitó ponchar a seis adversarios.

Fue asunto de pegar y resistir. Esa ofensiva de cuatro carreras en el inicio del cuarto inning nos hizo salir de todos los rincones gritando agitadamente, aferrándonos a los aparatos de radio, disfrutando del asalto al formidable Baudilio Vinnent. Súbitamente, los cubanos cayeron en lo grotesco perdiendo pelotas y tirando con la mira desviada, presos de un extraño nerviosismo. Los nicas sacaron el máximo provecho con tres hits, uno de ellos dentro del cuadro, y otro impulsador de Julio Cuarezma, para edificar esa ventaja que resultó suficiente para el “pistolero” pinolero.

El antesalista cubano Cheíto Rodríguez no pudo sacar la pelota de su guante y Ernesto López se adjudicó un sencillo. Sobre el machucón de Vicente, el pitcher Vinent, aguijoneado por la presión, metió la b ola al rincón del jardín izquierdo tratando de forzar en tercera. Para remate, Marquetti vio cómo una pelota escapaba de su mascotín cuando el out había sido decretado en primera. Nicaragua 4, Cuba 0. ¡Diablos, era cierto! Aún con seis bateadas de los antillanos pendientes, el fantasma del 72 comenzó a flotar alterando el sistema nervioso del timonel antillano Servio Borges. De inmediato, en el cierre del cuarto, Cuba se mostró amenazante colocando hombres en segunda y tercera sin out. En ese momento de mayúscula exigencia, Porfirio creció lo necesario dominando a Fermín Lafita y Lázaro Pérez con roletazos hacia Wayne Taylor en tercera, y al siempre peligroso Félix Isasi, con un difícil batazo que descabezó Arnoldo Muñoz. El coloso seguía sangrando por las heridas.

En el octavo, con los cubanos desesperados, el jonrón de Ernesto López contra Oscar Romero establece cifras definitivas. Esa “dentellada”, como el gancho zurdo de Frazier haciendo crujir la mandíbula de Alí, los noqueó. Siete hits le bastaron a los nicas para estructurar esa gran victoria 5-0. Cuba, en cambio, disparó 11, todos sencillos, pero su ataque se vio inutilizado cada vez que se le presentaron situaciones favorables.

El recuerdo de esa proeza permanece inalterable con la consistencia de las Pirámides de Egipto.


dplay@ibw.com.ni

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus