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Hace dos semanas, el prospecto Leonardo Ortiz firmó con los Rojos de Cincinatti. El acuerdo se hizo oficial hasta este miércoles-por razones administrativas- en una conferencia de prensa que se realizó en un hotel capitalino, donde estuvo presente Denis Martínez, dueño de la Academia de Beisbol Nicaragüense, institución que formó al cátcher capitalino.

La alegría en el rostro de Ortiz aún es evidente, a pesar de que ya han pasado más de 15 días desde que estampó su firma con el equipo. Y es que el muchacho tiene razones para celebrar después de sufrir una desilusión en mayo del año pasado cuando los Bravos de Atlanta supuestamente le habían dado una oportunidad. Sin embargo, días después por razones que solo se conocen en el interior de la Academia de Beisbol Nicaragüense, Leonardo se dio cuenta que no tenía asegurado nada.

“Al inicio me sentí decaído”, cuenta Ortiz, mientras caminaba en el valle de las sombras con las ilusiones hechas trizas y con una sola opción en su destino: levantarse, lavarse la cara y seguir hacia adelante. “Pude superarlo- el mal momento- con el apoyo de mis padres. Ellos me dijeron que era una oportunidad perdida, que lo tomara como experiencia y así lo hice. Seguí trabajando con mis entrenadores, y ellos trataron de hacerme mejor y logré alcanzar mi meta gracias a Dios. Cuando me dijeron de la oportunidad con los Rojos, se me vino a mi cabeza todo lo que había pasado, el sacrificio que he atravesado con mis padres y mi familia”, explica el muchacho de 17 años.

Una realidad
Las primeras palabras que Ortiz articuló al firmar su contrato fueron:  “ahora sí no es mentira”. El futuro le sonrió un año después de probar la tristeza. “Me siento muy alegre por la oportunidad que me dieron los Rojos de Cincinatti. Voy a tratar de meterle mano al trabajo para ser un mejor jugador”.