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Ni el mejor Barsa ni el mejor Messi. Ese 2-0 golpeador del Éibar, un equipo obligado a la discreción por sus limitaciones, perdedor de sus últimos ocho juegos, no se construyó con alardes de futbol por parte del equipo azulgrana ni con un excedente de magia del genio, simplemente fue la confirmación de una superioridad establecida sin apuros, sin arrogancia, sin necesidad de pisar el acelerador a fondo.

Messi prefirió moverse por el centro para hacer cambios constantemente, retroceder convenientemente cuando las circunstancias lo exigieran, y proyectarse rápidamente generando peligro, buscando posiciones de tiro. Todo eso sin excederse, como graduando su esfuerzo, inclinado hacia la claridad tanto para maniobrar como para recibir. Incluso estaba en territorio raramente despoblado en el área, cuando recibió de Rakitic desde la esquina derecha en el cobro de un córner, para cabecear hacia abajo y con potencia, haciendo llegar el balón a las redes en el minuto 54 para establecer el 2-0.

EN VENTAJA POR UN PENAL

Previamente, consecuencia de una mano involuntaria e inevitable de Errasti frente a la combinación de Neymar, Suárez y Messi, se cobró un penal en el minuto 30, ejecutado por el argentino hacia su derecha. La estirada de Jaime fue al lado correcto, pero la fuerza del disparo le recortó la posibilidad de realizar la atajada. El 1-0 le proporcionó suficiente tranquilidad a este Barcelona de Luis Enrique, para manejar los hilos del juego sin aburrimiento pero sin fabricar algo excitante.

El Éibar intentó pelear bajo la lluvia sostenida que no afectó el rápido traslado del balón, pero el Barsa estuvo atento para apretarle el cuello en momentos difíciles. Los 13 disparos al marco de Bravo por parte del Éibar, uno más que el Barsa, y sus 14 faltas, grafican su actividad gritando ¡aquí estoy! la mayor parte del tiempo. Al final, el Éibar casi logra un gol, pero el disparo de Piovaccari fue devuelto por el travesaño.

¿QUÉ HARÁ CRISTIANO HOY?

Luis Enrique, que no podía contar con los laterales Jordi Alba y Dani Alves, sentó a los amonestados Mascherano y Matthieu, entregándole a Rafinha y Sergi Roberto el trabajo de garantizar conexiones, con Rakitic funcionando como interior. Cuando tienes a Messi como factor desequilibrador, bastan algunos chispazos, incluyendo cabezazo con aterrizaje, como el visto.

Con esos dos goles, Messi suma 17 en el trayecto del 2015, lo que es un estupendo resurgir después de haber estado 12 detrás de Cristiano a mediados del mes de diciembre. Esa ventaja puede ser borrada hoy por Cristiano cuando enfrente a la defensa del Levante, en un momento de trascendencia para el Real Madrid, necesitado de una demostración convincente antes del Clásico.