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Pudo haber sido una goleada y no lo fue. En un partido de largos “monólogos” blancos, con el dinámico y ansioso Cristiano Ronaldo afectado por un fantasma que lo desajustaba moviéndole la pelota, empujándolo, colocándole un poste, fabricándole una intercepción, estorbándolo constantemente, hasta el extremo de hacer que el pie izquierdo de Bale le desviara levemente un potente remate rasante de derecha, quitándole un gol que lo hubiera acercado a uno de Messi, el Real Madrid se impuso 2-0 frente a un inocente Levante, que no fue capaz de alterar el sistema nervioso del arquero tico Keylor Navas, asustándose cada vez que se le presentó una oportunidad.

AMPLIA SUPERIORIDAD

No jugó perezosamente el Real Madrid. Se observó el interés de la tropa dirigida por Ancelotti, de establecer diferencias sacudiendo las redes y no me explico cómo el segundo tiempo, pese al “espuelazo” magistral de Benzema devuelto por el travesaño, las opciones de Cristiano y Bale, el cabezazo de Chicharito, y un par de entradas más, terminó 0-0. Sin embargo, ese 67 por ciento de posesión de balón y los 22 disparos, aún desviados, certifica la presión ejercida.

En los primeros cinco minutos, Bale y Cristiano rozaron el gol de diferentes maneras colocando al Levante manos arriba. El galés, necesitado de restablecer su contacto con la red, amortiguó un centro con el pecho rematando por encima del horizontal, y un golpeo de Cristiano con la punta del botín, rebotó en el poste derecho de la cabaña defendida por Mariño. Quedó claro que esa sería la característica del juego por la poca capacidad de recuperación y falta de manejo del Levante, y la presencia del Real Madrid con control de los espacios y la pelota.

LA MOLESTIA DE BALE

El gesto del partido fue el de Bale, tapándose los oídos después de marcar el primer gol en el minuto 18, aprovechando un pase alto de Benzema, que Cristiano remató con una acrobática tijera rechazada por Ramis en la propia raya, insistiendo Benzema, provocando el apurado despeje aéreo de Navarro, que facilitó el  taponazo de derecha del galés, mostrándose desmarcado en el área. Fue como si Bale no quisiera escuchar la ovación después de haber sido tan abucheado en juegos anteriores y hasta acusado injustamente de ser displicente.

En el segundo gol Carvajal, con esa destreza que le conocemos, fue hasta el fondo y centró hacia atrás por abajo para Cristiano, y el remate del portugués encontró el botín izquierdo de Bale, dando la impresión de no necesitar ninguna corrección para llegar a las redes. La leve desviación hizo que le apuntaran a Bale el gol festejado por Cristiano. Ese fue el colmo de su mala suerte.