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Arrancaba Lionel Messi y se escuchaba el estrépito de las pailas al caer, zigzagueba el argentino y era fácil imaginar ver caer árboles a su paso, fabricaba túneles, abría espacios, metía pelotas, disparaba sobre la marcha, ejecutaba tiros libres eriza pelos y gritaba ¡mírenme!, mientras ofrecía un espectáculo que daba la impresión de ser producto de los trucos que utilizan magos como David Cooperfield o Chris Angel.

No hizo goles Messi, por culpa de un milagroso Joe Hart. Sin embargo, “La Pulga” dibujó con la maestría de Miguel Ángel, un trazo desde la derecha que hubiera completado cualquiera de las figuras que adornan el techo de la Capilla Sixtina, recibido y rematado con frialdad, precisión y sutileza por Rakitic a los 31 minutos.

BASTÓ ESA ESTOCADA

Fue el único gol de un juego disputado con intensidad extrema, sin tiempo para parpadear, con los corazones acelerando como si se encontraran a borde del bólido que conduce Lewis Hamilton. Un gran juego del Barcelona. Estupendo en la recuperación, firme en el fondo, espléndido en el contragolpe y desequilibrante en el área con los ingresos constantes y desesperantes de Neymar y Suárez habilitados por Messi, recurriendo a imprevistos como el taponazo de Iniesta que recordó su zapatazo al Chelsea contra reloj, el equipo azulgrana iluminaba la cancha.

EMOTIVA CABALGATA

El City de Pellegrini, estaba claro que solo podría crecer como amenaza enfrentando el alud de dificultades con valentía. Aun perdiendo 1-0, necesitaba dos goles para seguir con vida, forzar la prórroga y apostar por la definición vía penales, siempre cobijada por el azar y decidió tomar todos los riesgos imaginables. Pero el Barsa siempre respondía. Hubo un momento, en que las maniobras de Messi hicieron saltar de su butaca a un testigo excepcional como Pep Guardiola, y otro, en que se cubrió la cara con las dos manos.

Un futbol de vértigo con manejo eficaz del contragolpe propuso el Barsa en respuesta al atrevimiento del City de pelearle la posesión del balón. En el minuto 5, el poste izquierdo devuelve disparo de Neymar; en el 10, Messi remata culminando una combinación de fantasía y rechaza Hart; en el 15, un tiro libre de Messi rasca el horizontal; en el 22, Messi entrega a Neymar por la izquierda y se le traba el gatillo al brasileño; en el 26, otro tiro libre de Messi luego de ser derribado por Silva, es un “casi gol” zumbado sobre el asustado travesaño; en el 31, el gol de Rakitic con pierna derecha, concretando el pase aéreo de Messi; en el 33 y el 37, Hart frustra a Suárez y Neymar, y en el 43, un toque de Suárez sobre la salida de Hart rebota en el poste derecho.

El Barsa inició el segundo tiempo como si se hubiera quedado en la cancha, a gran velocidad sembrando pánico con una penetración a fondo de Messi, el latigazo de Iniesta, zurdazo de Rakitic y oportunidad dorada de Alba recibiendo de Messi, neutralizada por Hart. El City reaccionó vigorosamente y ejerció presión sobre los centrales sacando de posición a los laterales y alterando a Ter Stegen que perdió una pelota lejos de su cabaña. Fue necesario una cobertura angustiosa con uñas y dientes para evitar el empate en el minuto 56.

CORTA EL SUSPENSO

El 1-0 pareció reducirse a la nada cuando Agüero fue derribado en el área entre Piqué y Mascherano. Con el drama hinchado como el rostro de Alí consecuencia del gancho brutal de Frazier en 1971, el arquero alemán, Ter Stagen, realizó la gran atajada lanzándose hacia su derecha y manoteando como si pretendiera mover una de las pirámides. Ahí, en ese instante, minuto 77, murió el City.

Lo que vino después fue un intercambio de amenazas con Hart, dando la impresión de ser una aparición de otro mundo, salvando remates de Suárez, Messi y Neymar. Al salir del Nou Camp, abrazado a su alma, el arquero miró hacia el cielo, y vio -como diría Juan Rulfo- que llovían estrellas. Seguramente, quería ver el cielo quieto. Lo vivido, había sido enloquecedor.