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Diriangén quiere volver a reinar. Esto se refleja en la buena campaña que ha desarrollado, brindando buenos espectáculos al grado de convertirse en la gran amenaza para el indetenible Real Estelí, que se prepara para demostrar que en el fútbol pinolero mandan ellos.

El equipo cacique luce compacto en todas sus líneas y sus jugadores están ansiosos por demostrar que la historia y los buenos resultados obtenidos, son muestra de su gran nivel competitivo. Tras tapar las debilidades, el equipo luce más equilibrado para la final que inicia mañana domingo en el Independencia.

Diriangén presenta al arquero Jorge Cundano como garantía bajo los tres postes. Con sus felinos reflejos ha salvado en varias ocasiones al equipo. Luce mucho más experimentado de lo que es, aunque la falta de determinación en la salida a cortar algunos centros es su punto débil.

Defensivamente, el equipo es sólido, pero el planteo táctico que aplica el técnico siempre le provoca algunos problemas en la transición de ofensiva a defensiva, porque los laterales como David So-lórzano y Donald Parrales reaccionan muy lento.

En la recuperación de balón, el mediocampo es una verdadera red, dos recuperan y todos juegan. Esta función es de los puntos más fuertes del cuadro, que tiene a Marcos Román y Remy Vanegas en el eje central de recuperación.

El juego creativo de los diriambinos descansa en la habilidad y técnica del argentino Hugo Silva, el juego de toque es una marca registrada del mediocampo blanquinegro, en la que rotan sin agredir el balón.

Ofensivamente el equipo es potente y certero. El talento y velocidad de Herberth Cabrera se conjuga perfectamente con la contundencia de Jorge Portocarrero, complementado con el empuje del panameño Raúl Leguías, que vuelve a esta línea muy intimidante. El juego aéreo de los desafiantes diriambinos es sólido en defensa y en ataque, con un promedio de altura y saltabilidad que produce cuidado.

Diriangén presenta como principal fortaleza un insistente toque de balón, como si tuviera el monopolio del juego que con el brillo de Silva y la velocidad de Armando Reyes, unido al ritmo vertical de Cabrera, provocan mucha atención al adversario.

Al igual que los estelianos, cuesta encontrar un punto débil, pero el planteo ofensivo con el que la zaga sale demasiado de su zona, muchas veces lo lleva a regalar espacio en defensa y por eso sufre mucho. Mauricio Cruz tiene la experiencia suficiente para diseñar un plan estratégico preciso para frenar el oleaje esteliano.

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