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Bernardo Ruiz, Johnny Prado y Santos Jarquín, con 15 años de edad, llegaron a Managua con el anhelo de perseguir el mismo sueño, conseguir una firma con una organización de Grandes Ligas.

Los dos primeros mencionados nacieron en León, mientras que Jarquín es originario de Puerto Cabezas. Ellos son parte del grupo de 9 peloteros que integran el programa Prospectos Silva, que inició hace 4 años y es manejado por Huber Silva, quien decidió emprender este negocio con dos objetivos, desarrollar el talento de los jugadores y luego poder ofrecerlo a equipos de Grandes Ligas, quienes valoran si son aptos o no para una firma de un contrato profesional.

¿Cómo funciona?

Silva prefiere llamarle Programa en vez de Academia a su proyecto, aunque básicamente las condiciones que se ofrecen a un jugador son parecidas.

“Yo no le llamo Academia, porque una Academia requiere de mucha inversión. Entrenamos en el campo de futbol en Batahola Norte, sin embargo de aquí han salido peloteros firmados, estamos muy contentos de estar trabajando en el desarrollo de jugadores”, señala Silva.

“Sería ocultar la realidad, esto es un buen negocio, rentable, es como una empresa. Lógicamente tiene sus beneficios y también sus contras. Es como cuando traes un jugador y lo tenés durante dos años, y no te lo firman es una pérdida para el programa, pero esto es así, como todo en la vida hay ganancias y pérdidas, por eso tratamos de escoger con pinzas lo mejor que pueda existir en el país”, explica el mánager, quien asegura que los muchachos reciben todo lo que necesitan, aunque obviamente es imposible sustituir la ausencia de sus padres durante varios meses.

Se busca potencial

Según Silva, por lo general se buscan jóvenes que tengan entre 13 y 14 años. Si el muchacho tiene potencial, se habla con sus padres para explicarles la oferta del programa. El contrato estipula que el pelotero recibirá todas las condiciones para su desarrollo, a cambio el programa el derecho de negociar con cualquier organización por la cantidad de dinero que estimen conveniente.  

Respecto a las ganancias, el programa se adjudica el 30% de monto total de la firma o del bono que perciba el jugador. Por ejemplo, si el muchacho firma por 100 mil dólares, se le resta el porcentaje antes mencionado.

“Cuando el muchacho se toma de 14 años, vas viendo el desarrollo y el progreso. Se firma un contrato con los padres, y en él se establece que soy el único representante ante cualquier organización para poder negociar, y lo que pueda pedir eso tiene que ser respetado. El contrato no tiene un tiempo definido, todo depende del talento que tenga si puede o no ser firmado”, comenta Silva. “Lo más importante que tiene que poseer un jugador es el deseo de estar en un programa, buscamos muchachos de 6 pies de 14-15 años para desarrollarlos. El que no tiene las condiciones que nosotros pretendemos para el programa los dejamos libres y seguimos buscando”.

“Los muchachos se reconcentran en mi casa --Monseñor Lezcano--, están todos los días, tienen vacaciones como en Semana Santa y en diciembre, dos veces al año van a sus casas, y bueno les damos colegio, alimentación, instructores, entrenamientos, lo más importante es enseñarles lo que es querer ser un jugador profesional”, agrega.

Lo más complicado

A pesar de lo conveniente que puede resultar tener una Academia o programa, no todo es color de rosa como parece. En ocasiones, se ponen las esperanzas en un jugador y al final termina sucumbiendo en el trayecto rumbo a ese anhelado sueño.

Unos optan por retirarse, otros simplemente no carburaron en su desarrollo, y hay casos en el que los muchachos tienen el potencial pero se necesita trabajar en la parte mental para explotarlo.

 “Lo más difícil es cuando encontrás un muchacho que tiene talento y este no lo sabe asimilar. Entonces tenés que volverte psicólogo, chinchinearlo, darles todo, y meterles en la cabeza que tiene talento y puede conseguir una firma. Prepararlos no es fácil”, indica Silva, quien se muestra orgulloso por las firmas que lograron 5 de sus prospectos: Colby McCoy (180 mil dólares, Yanquis de Nueva York), Luis García (20 mil, Yanquis de Nueva York), Diosmar López (50 mil, Padres de San Diego), Roniel Raudes (250 mil, Medias Rojas de Boston), y Diosmar Cortez (125 mil, Medias Rojas de Boston).

“Las firmas nos da la satisfacción de que hemos salido en los libros de las organizaciones. Queremos mejorar para  tratar de firmar muchos jugadores en los próximos años”, finalizó Silva.