•  |
  •  |

Enviado Especial a Anguila

Desde muy temprana edad Luis Fernando Copete supo lo que costaba la vida en su natal Chocó, Colombia. Trabajó desde que tenía cinco años, “la verdad trabajo desde que tengo uso de razón, cargando bolsas en los mercados para ayudarle a la gente que andaba comprando, haciendo mandados para tener al menos cómo comprar cuando fuera al descanso (recreo) en la escuela. Nunca dejé de trabajar, pero siempre tenía en mente jugar al futbol y dedicarme de lleno a esto”.

El “parce” que celebra los goles con la Azul y Blanco bailando la famosa salsa choque que siempre lo acompaña por donde va, vivió una infancia muy triste. Siempre tuvo que ayudar a su madre, Martina Luz, con la comida de él y de sus dos hermanas menores, a las que cuidaba mientras su progenitora tenía un puesto de comida en el mercado cuando era todavía un niño de apenas 9 o 10 años. Su infancia siempre la recuerda por los trabajos que hacía, tan variados como los lugares en los que vivió.

Pero eso solo es una pizca de lo que tuvo que pasar este excelente defensa central de la Selección de Nicaragua para llegar a convertirse en uno de los jugadores más elogiados por su fortaleza, determinación y potencia con la que asume cada partido.

Ahora que lean estas palabras dichas por el experto en salsa choque, se darán cuenta por qué juega así el nica-colombiano de Villa Diana en Palmira, donde como dice Copete, ahí la vida no vale nada.

Las necesidades de él y su familia lo hicieron hacer casi de todo: trabajar en ebanistería, construcción, reparando bicicletas, reparando motos, vendiendo y haciendo comida, vendiendo verduras, limpiando la zona donde producían caña de azúcar, pintando carros,  y además hizo cosas de las cuáles no se siente orgulloso, pues hasta se vio con un arma en la mano. Pero ahora le agradece a Dios porque nunca probó drogas, jamás le disparó a nadie.

¿Viviste muchas cosas difíciles en tu infancia?
Hice cosas de las que no estoy orgulloso. Tuve en mis manos una pistola pero no pasó a más. Pasó porque era un chavalo como dicen en Nicaragua. Yo sabía que eso no era lo mío, aunque tuve amigos que andaban en algunas cosas no muy buenas, muchos de ellos terminaron muertos a la par mía, o están presos o andan en drogas. Pero yo dije hasta aquí no más. Decidí dedicarme a jugar al futbol de una vez por todas con el sueño que siempre tuve de llegar a Primera División de Colombia, como lo logré con el equipo Equidad. De ahí es donde vino el problema que tuve con mi partida de nacimiento, las dos partidas por la que me sancionaron.

¿Qué fue lo que pasó con lo de tus documentos?
Yo nací en 1989, pero pasa mucho en Colombia que la gente te pone otra edad pensando que se podía jugar así sin problemas. Yo jamás lo hice con mala intención, pensé que eso tampoco me crearía algún problema… Cuando comienzo a jugar con las inferiores de Equidad lo hago con una partida que tenía de 1991. Fui captando mucho la atención de la dirigencia hasta que me hicieron debutar en Primera en 2009. En uno de los partidos que jugué con Equidad estaba el técnico de la Sub-20 de Colombia, el señor Eduardo Lara. Y días después de mi primer juego contra Deportivo Cali, que por cierto ganamos, me convocaron para ser parte de la selección Sub-20. Yo estaba emocionado, porque era uno de mis sueños jugar en una selección. Pero ya estando ahí en los entrenos con la Sub-20, me dice el técnico Lara que Cali había protestado el partido “porque vos no tenés la edad”. La sanción al final vino, fue de un año y medio y diez mil dólares de multa. Yo sentí que mi carrera se acababa y me puse muy desanimado, porque de dónde iba a agarrar yo para pagar esa sanción. Eso jamás.  

¿Cuánto tiempo pasaste sin poder jugar en liga oficial?
Pasé casi tres años, y como teníamos muchas necesidades tuve que trabajar de todo. Sobre todo porque no teníamos ingresos, no vivíamos con mi papá, mi mamá siempre le gustó ganarse la vida sin esperar que nadie le ayudara. Y eso lo aprendimos todos mis hermanos. Jamás esperábamos que alguien nos regalara algo. Yo siempre trabajé, desde que tengo uso de razón lo hago.

¿Venir a Nicaragua te cambió la vida?
Para mí fue la mejor decisión que he tomado, porque aquí conocí a Sara, la mamá de mi hija (Sara Fernanda, quien por cierto ayer estaba cumpliendo su primer año). Eso es lo más lindo que me ha pasado y la gente cómo me ha recibido, desde que vine con el Managua F.C. Me acuerdo que vine al Real Estelí engañado por un colombiano que me mandó, no quedé en el Estelí y pues la gente de Managua me recibió con los brazos abiertos. Luego me fui al Ferretti, un equipo que me trató muy bien, pero yo estaba claro que quería salir fuera de Nicaragua a jugar, hasta que lo logré con AS Puma Generaleña. Con esta linda experiencia he cumplido dos sueños, jugar fuera de Colombia y ahora con la camiseta Azul y Blanco, con Nicaragua que ahora es mi patria y así la siento como mi patria. El otro sueño que me falta cumplir es jugar en Europa y creo que podría cumplir, porque sé que he hecho muchas cosas en el futbol y jamás me he rendido a pesar de todas las dificultades que había pasado.

A pesar de todo eso, Copete no deja de tener una sonrisa en su rostro. Tampoco le falta algún parlante para escuchar su contagiante salsa choque. “Espero muy pronto, si ellos quieren, llevar a vivir a toda mi familia a Nicaragua y como me dijo mi mamá, yo a usted lo siguió donde quiera”. Esperemos que siga brillando como ahora.