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Robben y nada más. Robben y, como en el Camp Nou, el Madrid bajo el techo de Casillas, refugiado ante un Valencia que se entregó por el costado de Del Horno, un muñeco para el extremo holandés. Como antídoto a Robben, el equipo de Emery presentó a Joaquín, que hizo un nudo a Marcelo, pero Villa no tuvo su noche y vio cómo perdió el Valencia 1-0 con el Real Madrid.

De Robben a Joaquín, el Valencia manejó las teclas del partido. Su adversario le concedió todo el paisaje y le entregó la pelota. Este Madrid no se siente gobernador. Al margen de Guti, le faltan jugadores con escuadra y cartabón, y una vez que cruza la frontera del medio campo todo se supedita al acelerón de Robben.

Por la otra orilla, Drenthe es Drenthe. Sin flujo, se activó Gago, que barrió cuanto pudo y sostuvo al Madrid. Este equipo tiene tantas costuras que entroniza a su medio tapón. O a un central como Metzelder, que ha adquirido un inesperado papel protagonista. Así se conduce este Madrid.

Griposo Raúl, Juande recurrió de inicio a Van der Vaart, un fantasma cuando no tiene oportunidad de disparo. Su absentismo con el balón en tránsito es patético, por más que se maquille con algún chupinazo desde el balcón del área, como el que se estrelló en el poste derecho de Renan en la primera parte. No hubo más noticias del ex futbolista del Hamburgo, que fracasó una vez más. Hoy, ni se merece el puesto de Palanca. Para merecimientos los de su compatriota Robben, que ejecutó al Valencia en apenas tres minutos, los que tardó en desabrocharse de Del Horno y Marchena y conectar con Higuaín, que armó un zurdazo enroscado imposible para el meta brasileño del equipo levantino. Con Schuster o Juande, el Madrid está colgado de Robben, el único capaz de percutir en carrera, de agrietar a las defensas rivales en los duelos individuales. Otra cosa es cuando tiene que asistir y se toca la nuez con la barbilla. Un chupón imprescindible para un Madrid sin brújula, sin autoridad en el centro, con una defensa atrincherada y una escasa batería de delanteros.

Si Robben fue un martillo para Del Horno, por mucho que este jugador en excedencia hiciera de pistolero ante la complacencia arbitral, Joaquín resultó inalcanzable para Marcelo, un marciano, tan débil en defensa como inocuo en ataque. Nada nuevo: ésa ha sido su trayectoria en el club desde su intrascendente llegada. La veta de Joaquín mantuvo con vida al Valencia y en vilo al Madrid, que, como en el Camp Nou, acabó a hombros de Casillas, junto a Robben la mejor noticia de la era Ramos. El portero está de vuelta, cosa seria para cualquiera que se mida al Madrid. Lo comprobó Villa, casi siempre fiable ante el gol. Al igual que Baraja, al que desvió un cabezazo al poste.

Pero el Valencia tiene un aire atribulado que le delata. Vive en transición, con un ancla en el pasado de Albelda y Baraja, y una puntada con Mata y algún otro porvenir. Entre unos y otros, también tiene ascetas como Fernandes, que va por libre. En Chamartín tuvo, salvo Robben, todo a favor, pero se mostró como un equipo sin pujanza, con el depósito justo y sin tener muy clara cuál es su graduación. Fracasó con estrépito en Barcelona ante el líder y le faltaron recursos y agallas en su paso por Madrid. Al Valencia se le apagó la luz en cuanto Marchena fue expulsado. Se fue del campo tras la única falta que no merecía tarjeta; todas las demás, que fueron unas cuantas, merecieron, como mínimo, el arresto. Ocurre que los árbitros tienen sus propios ritmos.

Condenado Marchena, el Madrid respiró. Palanca mejoró a Van der Vaart e Higuaín exigió a Renan, al que no había echado un vistazo desde el gol. Sin Marchena sobre el campo, el Madrid se vio obligado a cambiar de guión. El Valencia se rindió, y le tocó la batuta. Ni así evitó que el encuentro se mantuviera en el alambre. Al equipo le falta fe. Sin talentos e institucionalmente inestable desde el inicio del curso, sólo la puede encontrar en los resultados.

Anoche logró uno, aunque fuera con alfileres y con un contrario que le apuró hasta el final incluso con diez futbolistas. El Madrid no está para mucho más; pero tiene a Robben, que le defiende. El Valencia, tampoco; pero ayer le faltó Villa, quien le encumbra.

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