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ESPN Deportes
Hace cuatro años que Pedro Martínez fue atraído a Nueva York por los Mets con un jugoso cheque de $53 millones en su bolsillo. Pedro no era un agente libre más; para los Mets era El Agente Libre.

Ahora, 32 victorias más tarde, y sin campeonatos que celebrar, es justo preguntarnos: ¿Realmente Pedro valió ese dinero? No, si los Mets son honestos consigo mismo. A pesar del éxito proyectado, Martínez se comportó tal y como los Medias Rojas predijeron luego del 2005 y no pudo conseguir un solo cetro, y mucho menos un anillo de campeonato.

Ésa es la encrucijada en la que se encuentran los dueños hoy en día, ya que la Familia Wilpon, quienes son los dueños del equipo, ponderan un posible regreso de su envejeciente lanzador derecho. Martínez, de 37 años, quiere otro contrato con los Mets, enviando el mensaje a través de su agente que está ejercitándose de manera obsesiva, y listo para despachar los fantasmas de su temporada 2008.

Fern Cuza podría estar haciendo una buena labor para su cliente, pero los Mets no están listos para olvidar cuan rápida se deshizo su inversión en Pedro, especialmente en este pasado mes de septiembre. Tuvo marca de 0-3 mientras los Mets fueron alcanzados y sobrepasados nuevamente por los Filis, terminando la temporada con récord de 5-6, su primera temporada completa con marca negativa en su carrera, y efectividad de 5.61.

Ésa no era la manera en que los Mets esperaban ver a Pedro terminar su contrato -- no luego de haber sido descartado por los campeones mundiales Medias Rojas en el 2004 luego de una barrida de cuatro juegos sobre los Cardenales. Boston había terminado una sequía campeonil de 86 años, pero la euforia no se trasladó a la mesa de negociaciones con Martínez.

Los Medias Rojas estaban preocupados por su durabilidad --en particular, su hombro-- resistiéndose lo suficiente como para permitir que los Mets sobrepagaran y se comprometieran de más con el lanzador.

El llevarse a Martínez fue un extraordinario golpe publicitario para el equipo, pero hoy día, la alta jerarquía de los Mets admite que la actuación en general de Pedro se quedó corta de sus expectativas. “Pensábamos que obtendríamos unos tres buenos años de parte de él,” dijo un oficial senior. “Pero resultaron ser apenas 2 y medio.”

Eso, siendo generosos, y considerando las largas estadías de Martínez en la lista de lesionados en cada una de las pasadas tres temporadas con los Mets.

Pedro lució tremendo en 2005, ganando 15 juegos, ponchando a 208 y logrando un WHIP de apenas 0.95, líder en la liga. Su dominio se trasladó al inicio de la temporada 2006, cuando logró marca de 5-1 hasta mayo, permitiendo apenas 39 hits en 71 entradas. Pero llegó el primero de sus dos viajes a la lista de lesionados en esa temporada, y el viejo Pedro nunca regresó.

Por supuesto, Carlos Beltrán ya se había unido a los Mets para ese entonces, y los fanáticos de Pedro decían, que lesionado o no, que él era la razón: Sí Martínez no le hubiese dado a los Mets credibilidad instantánea al llevar su carrera al Shea, Beltrán --y luego Billy Wagner y Johan Santana-- nunca hubiese terminado en los Mets.

Sin duda, Martínez convirtió a los Mets en un equipo respetable --su llegada coincidió con una mejora de 12 victorias entre 2004-2005-- pero los realistas en la organización saben que la decisión de Beltrán de firmar con los Mets tuvo menos que ver con Pedro que con el dinero que se le ofreció.

“Fuimos los que más ofrecimos,” así es como alguien de adentro lo describió.

De hecho, nadie se acercó al contrato de siete años y $119 millones que los Mets le dieron a Beltrán. Pero luego de entrar en el asalto final de las negociaciones, Beltrán no era un negocio seguro; su agente Scott Boras le estaba diciendo de manera secreta a los Yankees que el jardinero central estaba dispuesto a aceptar menos dinero si los Bombarderos estaban dispuestos a hacer una oferta.

Así que hasta ahí llegan los poderes de reclutamiento de Pedro. La fuerza que ha empujado el renacer de los Mets ha sido la voluntad de la familia Wilpon de sobrepasar al mercado por los jugadores estrellas.

Ésa es la razón por la cual el gerente Omar Minaya se está moviendo lentamente en renovar sus lazos con Martínez en esta temporada baja.

Nadie está diciendo que la carrera de Pedro en el Shea se haya terminado. Después de todo, los Mets están cortos en la parte de atrás de su rotación, especialmente si pierden a Oliver Pérez en la agencia libre.

Pero habiendo visto como sus $53 millones invertidos en Pedro se convirtieron en vapor, los Mets preferirían un nuevo acuerdo más realista --digamos un año por $2 millones, con incentivos por productividad que podrían poner a Martínez en el renglón de entre los $8 a $10 millones.

¿Estará dispuesto Pedro a aceptar un corte de salario del 85 por ciento en su paga garantizada? Probablemente no, pero al menos los Mets no le están cerrando la puerta por completo. Ellos necesitan al menos 120-140 entradas de su quinto abridor, y quizás puedan confiar en que Martínez podría cumplir con esa responsabilidad mejor que un novato como Jon Niese, por el precio correcto.

Pero la verdad es que nadie le echa la culpa completa a Pedro por su falta de producción. Contrario a Carl Pavano, quien fue tildado de fraude por sus propios compañeros en los Yankees, los Mets respetan completamente a Martínez, no tan solo por sus contribuciones en la Liga Nacional, sino también por el bagaje que trae por haber conquistado la Liga Americana.

Antes de su primera salida con los Mets en el 2005, enfrentándose a los Rojos en Cincinnati, Pedro envió un mensaje poderoso. Luego de terminar su sesión de calentamiento en el bullpen, el derecho se aseguró de caminar lentamente al frente del dugout de los Rojos. Fue un despliegue inaudito de traspasar propiedad privada, si no arrogancia --la mayoría de los lanzadores habrían cruzado por el medio del campo-- pero Martínez quería que los Rojos supieran que el día le pertenecía a él, sin importarle para nada el protocolo.

Hizo buena su advertencia, ponchando a 12 en seis entradas. Pedro pasó la mayoría de ese verano jugueteando con los bateadores de la Liga Nacional, haciendo lucir ridícula la cautela de los Medias Rojas. Pero el dividendo no duró mucho.

Pero al momento en que finalizó su contrato con los Mets, Martínez ya no podía ganar los juegos grandes. Pasaba mucho trabajo tratando de pintar las esquinas del plato, cambiando velocidades en sus lanzamientos, era doloroso verlo lanzar. Parecía que el futuro miembro del Salón de la Fama no podía pasar de la primera entrada, a medida que la Liga Nacional bateaba .375 contra él en la entrada inicial.

Todo esto, mientras los Mets perdían el Juego 7 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2006 ante los Cardenales, y luego perdían el cetro divisional ante los Filis en septiembre tanto en el 2007 como en el 2008. No podemos culpar a los Wilpons por revisar el contrato de $53 millones de Pedro y preguntarse a sí mismos: ¿A dónde se fue el dinero?