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Traducción Raúl Gómez
Cuando persigues una marca es imposible escapar a las relaciones. Lou Gehrig y yo teníamos otra conexión, la cual creo va mas allá de los valores y principios de la vieja escuela, tratar de ir a trabajar todos los días y mantenerse ahí, aún cuando las cosas se ponen difíciles.

Es creer en el simple hecho de subirse las mangas de la camisa y hacer el trabajo de la mejor manera posible. Ideales como éstos se remontan al tiempo cuando el béisbol era simplemente un juego.

Recuerdo que estaba en la grada más alta del dugout con muchos otros shortstops en el Juego de Estrellas de 1998 en el estadio Coors Fields, en Dever. Alex Rodríguez, Derek Jeter, Omar Vizquel, Damion Easley y yo estábamos observando el derby de home-run, cuando Derek Jeter empezó a hacerme preguntas.

Derek Jeter era el shortstop titular de los Yankees de New York, había sido escogido cuando cursaba la Secundaria en 1992, pasó varios años en las ligas menores, y finalmente llamado a las mayores en 1996. En su primera temporada completa, bateó 314 y fue nombrado el Novato del Año de la Liga Americana. Tuvo otro excelente año en 1997 y después de empezar fuerte en 1998 fue seleccionado para el clásico juego de estrellas.

La misma historia
Podrías tomar todas estas situaciones acerca de los comienzos de la carrera de Derek Jeter, borrar su nombre e insertar el mío. Es casi exactamente lo mismo que me sucedió a mí. Cuando fui elegido en mis primeros juegos de estrella, los usé como unas maravillosas oportunidades de aprender, porque estaba con algunos de los mejores peloteros veteranos. De modo que me mantenía alrededor de ellos, haciendo toda clase de preguntas, y escuchando a lo que tenían que decir. Pero en 1998 los zapatos estaban en los pies del otro.

Derek Jeter tenía 24 años de edad y aparecía en su primer Juego de Estrellas, yo tenía casi 38 y participaba en mi clásico número 16, él era el chico y yo el veterano del cual el quería aprender.

“Cómo te las arreglas para hacer solamente 3 errores en toda la temporada?” fue la primera pregunta que Derek me hizo. Charlamos por algunos minutos acerca de eso, acerca de fildeo, preparación, anticipación y suerte. Luego Derek me preguntó algo para lo que no tenía una respuesta: “¿Cuál es el secreto para jugar todos los días? ¿Cómo lo haces?”. Hice una pausa y luego dije, “ya sabes, Derek, simplemente… simplemente salgo a jugar.”

Aún puedo recordar la mirada en su rostro, no era la de total decepción. Más bien era un mirada de misterio, reí tontamente un poco y pensé en mis adentros que él pensaría, ya sea que yo no quería compartir mi secreto o que no era tan inteligente.

De cualquier modo, estoy seguro que él estaba esperando que le diera una respuesta concreta: “Esto es lo que tienes que hacer- a, b, y c.” Pero en aquel momento de mi carrera, realmente no podía contestar su pregunta en esos términos, aunque ya antes otros me habían hecho la misma pregunta muchas veces.

Lou era un símbolo
Dos años y medio antes, el 6 de septiembre de 1995 había roto el récord de juegos consecutivos en las Grandes Ligas.

Ese día jugué mi juego de pelota consecutivo número 2 mil 131, y hasta mi juego de estrellas de 1998 no había fallado a ningún día de trabajo.

Mi racha eventualmente se terminaría más tarde ese mismo año, el 20 de septiembre de 1998. Después de haber jugado 2 mil 632 juegos consecutivos.

El hombre que tenía el récord anterior, Henry Louis Gehrig, era algo más que un jugador de pelota, era un símbolo Americano, una leyenda. Y creo que es apropiado para cualquiera que se interese en perseverancia, que estudie la vida y carrera del Caballo de Hierro, como fue conocido después.

Lou Gehrig nació en 1903, venía de inmigrantes Alemanes pobres. Sus padres tuvieron 4 hijos, pero él fue el único que sobrevivió la infancia, su madre era una señora de aseo y su padre se dedicaba a hacer todo tipo de trabajos, juntos los tres vivían en un pequeño apartamento en Manhattan. Mientras crecía, Lou nunca faltó a un día de escuela.

Era también un joven atleta que jugaba, béisbol, baloncesto, fútbol y fútbol americano. Después de graduarse en la Secundaria, fue a la Universidad de Columbia con una beca de fútbol americano. Pero fue su destreza como temido bateador de pelotas la que llamó la atención de los scouts profesionales.

En 1923 y a pesar de las objeciones de su madre, Lou firma contrato con los Yankees de New York y deja los estudios. Años después dejó claro que sus razones por haber hecho eso fueron muy simples: “Mi familia necesitaba el dinero”, dijo.

Después de pasar un par de años en las ligas menores Lou fue llamado por los Yankees y rápidamente se convirtió en el primera base estrella del equipo.

Por siempre grabado en la tradición popular, Lou Gehrig fue miembro de los Yankees de 1927, el cual es considerado uno de los más grandes equipos en la historia del deporte. Sus compañeros de equipo incluyeron a grandes como Earle Combs, Waite Hoyt, Joe DiMaggio, y el gran Babe Ruth. Sin embargo, al contrario de Ruth, Lou era un hombre modesto, tímido y reservado, evitaba ser el centro de atención y universalmente fue conocido como una buena persona.

“Definitivamente no había razón para no simpatizar con Lou Gehrig,” escribió el cronista Fred Lieb, y nadie nunca la tuvo.

La terrible enfermedad
Durante su carrera de 14 años, a partir del 31 de mayo de 1925 , al 2 mayo de 1939, Lou Gehrig jugó en 2 mil 130 juegos consecutivos. La racha terminó porque contrajo una devastadora enfermedad que no lo dejaba jugar al máximo de sus capacidades.

En poco tiempo después que él mismo se retiró de la alineación titular de los Yankees, fue diagnosticado con Esclerosis Amiotrofica Lateral, un desorden que ataca las células del motor nervioso del cuerpo y gradualmente debilita y gasta los músculos.

No existe cura y normalmente es fatal en los primeros 5 años para los pacientes a los que se les ha diagnosticado. Lou era un héroe del deporte tan conocido y querido que su enfermedad fue rápidamente conocida como la enfermedad de Lou Gehrig.

Durante las semanas y meses que acercaban al 6 de septiembre de 1995, cuando eventualmente rompí su récord, hubo un gran despliegue publicitario, incluyendo la resurrección del interés en Lou.

La película de 1942 acerca de su vida, El Orgullo de los Yankees, que protagonizó Gary Cooper, fue presentada muchas veces en televisión, y hubo innumerables artículos en los periódicos y revistas hablando de él. La mayoría de éstos los trataba de evitar, porque no quería obsesionarme con la racha, lo que hubiera cambiado mi enfoque. Lo que yo estaba haciendo era trabajar bien para mí mismo.

No fue si no hasta que ya estaba retirado del béisbol que comencé a estudiar la vida y carrera de Lou –y me sorprendió en lo paralelas que fueron nuestras carreras y las similitudes en la manera cómo él y yo tomábamos nuestros trabajos, he aquí sólo un par de ejemplos.

Lou Gehrig y yo teníamos otra conexión, la cual creo va más allá de los valores y principios de la vieja escuela, se trata de ir a trabajar todos los días y mantenerse ahí aún cuando las cosas se ponen difíciles.

Es creer en el simple hecho de subirse las mangas de la camisa y hacer el trabajo de la mejor manera posible. Ideales como éstos se remontan al tiempo cuando el béisbol era simplemente un juego, aquellos días en que el dinero y los jugadores con inmensos salarios no eran un factor importante en el deporte.

Me pareció interesante que en la ceremonia celebrada al momento del retiro de Lou Gehrig el 4 de julio de 1939, asistieron no solamente todos sus compañeros de equipo, pasados y presentes (incluyendo Babe Ruth y Joe DiMaggio), sino que también lo hizo el Jefe de la Oficina de Correos de los Estados Unidos, los carteros en los Estados Unidos por mucho tiempo han sido reconocidos por su compromiso inquebrantable con el que realizan su trabajo, independientemente de las condiciones adversas que puedan encontrar.

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