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En la casa de Sharon Smith y Pablo Manzanares en Puerto Cabezas, no había bates, guantes, ni pelotas, para recibir a su pequeño hijo. Robin vino al mundo, sin tener ninguna influencia del beisbol, en la familia no hay peloteros, sin embargo cuando cumplió 8 años se dio cuenta que en ese deporte encontraría su vocación en la vida.

Robin Manzanares hoy tiene 14 años, es miembro de la Academia MVP Rivera y se le considera como el prospecto más completo de esa institución. Con 6 pies de estatura, dueño de una velocidad fugaz sobre las bases y el jardín central, y con un bateo exquisito, pocos dudan de que el muchacho de Puerto Cabezas firme con una organización de Grandes Ligas en el 2018.

Su historia es distante de la que comúnmente se cuenta de los beisbolistas. Robin no nació cobijado por la pobreza, al contrario, su padre es un abogado de Puerto Cabezas, quien siempre ha procurado darle lo mejor. A Manzanares no le falta nada, tiene los lujos que todo muchacho desearía tener.

“Mi carrera empezó en el 2009 cuando los Yanquis, mi equipo favorito, fueron campeones de la Serie Mundial, tenía 8 años. Con mis amigos me iba para un campo de LamlaYa que queda lejos del centro, son como 4 kilómetros que hay que caminar para poder llegar. Corría con mis amigos por el beisbol, nadie jugó en mi familia, soy el único”, cuenta Manzanares, quien todavía recuerda a su primer mentor y hace un repaso sobre sus años como Seleccionado Nacional.

“Al comienzo mi entrenador fue Anthony Quinn, me enseñó a tomar el bate, a tirar la pelota. Primero hice una Selección Infantil A en el 2011, posteriormente me convocaron a la Selección Nacional, y he estado en el 2011, 2012, 2013. En mi segunda Selección Nacional me nombraron capitán, me sentí muy contento”, agrega.

Su traslado

En el 2013, los doctores Wilfred Iván Cunningham e Ivania Talavera, un matrimonio dueño de la Academia de Beisbol menor en Puerto Cabezas, recomendaron a Manzanares con Alex Mongrio, Director y Scout de la Academia MVP, ubicada en Monte Fresco, carretera vieja a León. En ese año se jugaba el Campeonato Nacional Infantil A en Jinotega, donde Mongrio se trasladó para hacer una prueba a la pequeña promesa.

El Scout de MVP se llevó una buena impresión y le envió videos a Rudy Santini, uno de los agentes más reconocidos en República Dominicana, para que valorara a la joya. Posteriormente, Mongrio decidió viajar a Puerto Cabezas, donde volvió a ver al niño en un try out. Las pruebas continuaron ese mismo año, y la tercera fue en Masaya, y la última a finales de año en Monte Fresco.

“El niño de 12 años impresionó a Santini por su físico atlético, medía 5.10 pies, gran velocidad y batazos con contundencia”, explica Mongrio, quien antes de la última prueba en Monte Fresco, viajó a Guatemala enviado por Elio Rivera -dueño de MVP- a darle seguimiento a Manzanares, quien estaba participando en un Panamericano.

Después de las cuatro pruebas, Santini vino a Nicaragua en julio del 2014 y con MVP firmaron a Manzanares, a quien las ofertas le sobraban, pero al final se decantó por esta institución por la seriedad y condiciones que le ofrecían.

“Mongrio fue el primero en verme. También me observaron la Academia de Beisbol Nicaragüense, la de Vicente Padilla, pero opté por amarrarme con MVP Rivera porque eran más serios en lo que decían. En el 2013 cuando Alex habló conmigo, pensé seriamente en una firma, viendo a los otros muchachos que se iban a Republica Dominicana, eso me despertó la ilusión”, recuerda Manzanares, quien es admirador del japonés Hideki Matsui, exjardinero de los Yanquis.

Más maduro

Perseguir el sueño de firmar con una organización de Grandes Ligas, ha sido un camino de muchas bajas para Manzanares. Separarse de sus padres por largos meses es algo que al principio le costó lágrimas por el latente sentimiento de soledad que lo acompañaba por estar lejos de sus seres queridos.

“Mis padres se sentían contentos porque firmé con MVP, sin embargo, la separación fue muy difícil. Recuerdo que en el 2011 cuando fuimos a Rivas en el Nacional fue difícil, mi madre se quedaba sola en casa, mi papá trabajaba, es algo complicado.

Todo esto cambió mi mentalidad, ahora soy más maduro, soy más serio en lo que hago. Este deporte es un sacrificio, buscar esta firma es un proceso difícil, hay muchos tropiezos, gente envidiosa, pero hay que seguir adelante”, asegura Manzanares.

A pesar de los constantes elogios que escucha a diario o lee a través de las redes sociales, Manzanares se toma las cosas con calma, su misión es firmar con cualquier equipo de Grandes Ligas, pero reconoce que sería un sueño cumplido que el equipo de su sueño en los próximos años se interesara en él.

“Me gustaría firmar con los Yanquis, es el equipo que admiro. Tengo mucha confianza en mí mismo de que si trabajo fuerte podré lograr grandes cosas”, afirma el jovencito, quien a diario se levanta con la mentalidad de seguir creciendo para acercarse a lo sublime del éxito.