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Aunque muchos tienen el concepto de que el taekwondo es un deporte violento, que precisa fuerza para desarrollarlo o que se aleja de las buenas costumbres de un ser humano, es todo lo contrario.

Hay varias razones por las cuales considerar el taekwondo como una “disciplina” en todo el sentido de la palabra. Este deporte brinda grandes beneficios en aspecto físico y mental, útiles para una buena convivencia.  

Hansel Gabriel Hernández Guadamuz, de 12 años de edad, es un diamante que sin ser sometido a un proceso de pulido intenso, brilla enormemente por encima de otros atletas que lo superan en edad, tamaño y recursos para un entrenamiento de calidad.

El pequeño taekwondista capitalino, que desde los cinco años practica este arte marcial, es de los pocos que puede presumir de lograr medallas en cada uno de los torneos que ha participado. Un total de 68 preseas resumen su talento y consistencia durante sus 7 años en el taekwondo.

“Es una dicha poder practicar esta disciplina. Mi papá me cuenta que yo era hiperactivo  y que por eso decidió ponerme a entrenar taekwondo. Verdaderamente fue la mejor decisión que tomó. Este deporte te hace crecer con valores y grandes aspiraciones”, manifestó Hansel.

A su corta edad, Hansel ha tenido que lidiar con muchos obstáculos, dificultades que pocos niños de su edad podrían soportar, pero con perseverancia, valor, coraje y espíritu indomable, ha sabido superar para alcanzar sus sueños.

“Para lograr mis objetivos he aguantado enfermedades, sed, desvelos y antojos. Mientras hay niños que llegan de su escuela a descansar, yo he tenido que ir rendido a entrenar. Cuando voy a torneos tengo que limitarme a competir con los pocos recursos que tengo, eso sí, con amor”, declaró Hernández.

Seleccionado nacional

El pasado 22 de marzo, Hansel participó por primera vez en el torneo selectivo que organizó la Federación Nicaragüense de Taekwondo (Fenit) para elegir a quienes conformarían el equipo nacional de cadetes. Sin haber peleado, Hernández fue el único clasificado de su categoría, pues no hubo rival que pudiera enfrentarlo.

“Me alegra haber quedado en la selección de cadetes, pero me entristece que no hubo un oponente que pudiera pelear conmigo. Dicen que había un esteliano, pero no se inscribió. Para mejorar necesito tener fogueos seguidos y no he tenido muchos últimamente”, confesó el pequeño peleador.

En la lucha porque su hijo se convierta en un taekwondista de alto rendimiento, Marlon Hernández, papá de Hansel, ha hecho cada sacrificio para respaldar las aspiraciones de su retoño.

“Desde que mi niño comenzó a entrenar esta disciplina me he esforzado para que no decline. He tocado mil puertas buscando ayuda y gracias a Dios ninguna se ha cerrado. Somos una familia humilde, pero luchadora y cada día trabajamos duro para que mi niño cumpla sus sueños”, declaró Marlon, acompañante irremplazable de Hansel en torneos locales e internacionales.

El despabilado taekwondista, cinta negra y segundo dan, tendrá un examen la próxima semana para elevar su grado a tercer dan, categoría que seguramente alcanzará gracias a su enorme calidad y a las ganas que pone en cada entrenamiento.